El Comercio–La crónica del tío
Por Alberto en Nov.28, 2009, bajo mis libros, mis películas, notas de prensa/críticas
from Lima— mucha prensa y mucha pega y mucho sueño— ayer, creo, estuve en El Comercio On-Lime con Quique Planas. Pero antes hablamos por teléfono y esto fue lo que publicó antes que aterrizara.

ENTREVISTA. ALBERTO FUGUET
La crónica del tío perdido
EN “MISSING”, SU LIBRO MÁS INTENSO Y PERSONAL, EL ESCRITOR CHILENOCUENTA LA DESAPARICIÓN POR VOLUNTAD PROPIA DE SU TÍO CARLOS FUGUET, UN INMIGRANTE PERDIDO EN EL SUEÑO AMERICANO
Por: Enrique Planas
Alberto Fuguet recuerda una discusión telefónica: su tío Carlos, ex hippie, ex soldado del Ejército estadounidense y ex convicto por desfalcar a una parroquia, no había devuelto a su madre un dinero prestado. Y todos se ensañaban con la oveja negra de la familia. Finalmente, su padre, el abuelo del escritor chileno, cogió el auricular y espetó: “No existes para mí. Solo me has traído problemas, no queremos verte nunca más. No me interesa que seas hijo mío”. Y Carlos cumplió el deseo paterno. Nadie supo más de él. Se perdió en la inmensidad de Estados Unidos. Se esfumó. Corría el año 1986.
La llamada telefónica encuentra al autor de “Mala onda” frente a la isla de edición donde arma la historia de “Velódromo”, película que piensa estrenar el próximo año. Protagonizada por Pablo Cerda, la cinta es —en palabras del propio Fuguet— “una comedia con toques de drama”. Pero no cambiemos de tema: treinta años después de que el tío Carlos desapareciera sin dejar rastro, su sobrino escritor y cineasta decide salir a buscarlo, previa reconciliación con su propio padre. Como un detective aficionado, recorre las carreteras de la costa suroeste. La crónica de esta investigación, así como las consecuencias de sus hallazgos toman forma en “Missing”, libro que recapitula todas las obsesiones del escritor y que la crítica empieza ya a considerar como su mayor logro. ¿Sirve de algo decir que las intimidantes 400 páginas del libro se leen de un tirón?
“Missing” es una investigación sobre el paradero de tu tío Carlos, pero también es la crónica de la gradual reconciliación con tu propia familia…
Totalmente. Mucha gente me ha preguntado cómo mi familia me dio permiso para escribir un libro como este. Bueno, no tengo que pedir permiso, ya estoy grande, pero puedo decirte que “Missing” fue un proyecto colectivo, familiar. Ellos estaban al tanto, leyeron los borradores del libro, me dejaron usar nombres reales, me dieron su bendición. Este libro no generó un cataclismo familiar; todo lo contrario.
“Missing” es un libro cruzado de dudas, como si permanentemente pensaras si en verdad había motivos válidos para escribirlo…
Estaba lleno de dudas. En un principio pensé que la verdadera motivación era encontrar a mi tío. Pensé que iba a estar un año investigando pistas falsas, sin hallarlo nunca, pero lo encontré mucho antes de lo que esperaba. Luego sentí que mi tío era menos fascinante de lo que me parecía al inicio. Mi tío Carlos ha tenido una vida intensa y loca, pero no novelesca en el sentido antiguo del término. Después me di cuenta de que eso no importaba. ¡Ya tenemos demasiados personajes novelescos en la literatura!
¿Admirabas a tu tío por su vida loca, por ser hippie, soldado y rockero o por su libertad, su vida ligera de equipaje?
Es una suma de mil cosas. Una de ellas: que fuera capaz de tomar una decisión. Siento que vivió una vida literaria, quijotesca, de abandonar todo y ser libre para comenzar de nuevo.
Otro gran tema del libro es cómo tu tío Carlos fue víctima del sueño americano…
De alguna manera creo que Carlos cumplió el sueño americano: el sueño cultural de ser un cowboy, un rockero, un perdido. La literatura estadounidense está llena de esos personajes. Eso me parece fascinante. Logró ser parte de la cultura americana, dejó de ser un chileno para convertirse en un vaquero errante, un “rolling stone”.
Y, sin embargo, también vive el infierno de ese sueño, lo que llamas el territorio del “white trash” (“basura blanca”), un tipo de bancarrota a nivel cultural…
Ahí viene la contradicción. Como lector, el mundo “white trash” te parece fascinante, pero otra cosa es vivirlo. Creo que la mayoría de latinos, incluidos los peruanos que emigran a Estados Unidos, terminan en ese nivel primario del sueño americano. Son muy pocos los que llegan más arriba. Terminan transformados en gente sin raíces que dejaron de ser lo que fueron y que en Estados Unidos son una suerte de subcultura flotante, a la deriva.
“Missing” es un libro que marca también tu necesidad de vivir una aventura, de recorrer Estados Unidos en busca de tu tío…
Un libro que siempre me llamó la atención y del cual quedé impactado por su aventura fue “El pez en el agua”, de Vargas Llosa. Por un lado, todos sus capítulos autobiográficos y, por otro, la locura de la aventura política. Pareciera que nunca le importó realmente ganar la presidencia, lo que él quería era ingresar e investigar el mundo de la política. Fujimori parecía ser un invento literario suyo.
¿En el libro te identificaste también con la difícil relación del niño Vargas Llosa con su padre?
Absolutamente, con la diferencia de que yo pude recuperar a mi padre mucho antes. No tuve que esperar que estuviera muerto. Hace seis meses, mi padre fue conmigo a Las Vegas a entregarle al tío Carlos el manuscrito del libro. Se convirtió en un socio del proyecto.
¿Le gustó el libro a tu tío Carlos? ¿Qué te dijo?
¡Mi tío está fascinado! De hecho, en el diario “La Tercera” de Chile, el domingo (hoy) saldrá una entrevista a él. Pero más allá de eso, siento que han pasado tantas cosas con este libro que, quizá, cuando salga en edición de bolsillo, le agregue una coda, un “making off post-fin” del libro. Y una de esas historias será la entrega del libro a mi tío. Es todo un cuento. Se lo llevamos a Las Vegas y Carlos lo leyó en un par de horas. Básicamente lo resumió en una frase: “Me entregaste una historia, una vida”, me dijo. Ahora se siente mucho más ordenado, ahora entiende lo que hizo. Y eso me parece fascinante, y supongo que para eso sirve la literatura: para ordenar vidas.
Tantas veces se ha dicho que la literatura es un oficio gratuito, y tú le encuentras una utilidad…
Ligado a la autoayuda, digamos. Aunque sería mejor la palabra “ayuda”, a secas. Ayuda al lector usando la experiencia de los demás. Un escritor que trate de ayudarse escribiendo está perdido. Sin duda, escribir tiene algo de terapéutico y de botar fantasmas, pero no es una terapia, no es un diván. No hay que confundir el lápiz con las píldoras. La ayuda literaria pasa por el otro lado: aquellos que leen libros terminan sintiéndose más protegidos.
Es por eso que fue tu tío el que termina despejando tus dudas de escribir el libro. Él siente que el libro servirá para que su dura historia haya valido la pena.
Todo eso que cuento en el libro es verdad. Él me obligó a escribirlo. Nunca esperé que me dijera eso. Yo estaba preparado con excusas bastante buenas para no escribirlo. Sentía que ya había satisfecho mi necesidad: encontrarlo.
Sorprende en el libro la versatilidad de narradores, como si se tratara del “detrás de cámaras” de un libro que está por escribirse.
Sí, es totalmente un “making off” de un libro que se arma una vez que lo leíste. Son como los “extras” de un DVD, en el que se cuentan distintos momentos de una producción.
Supongo que en Chile, la palabra “desaparecido” del título de tu libro puede generar confusiones con la dolorosa historia chilena.
Exactamente. Perderse por derecho propio es, dentro de todo, una decisión respetable. No así desaparecer por decisión de la dictadura. Cuando decía que mi tío se había perdido, algunos creían que mi familia era de izquierda, pensando que mi tío había sido secuestrado. Allí me di cuenta de que en Chile todos asocian el término “perdido” a “desaparecido”. Además usé la palabra “missing”, en inglés, porque es el título de la película sobre Chile más famosa del mundo. La que, lamentablemente, ha penetrado más en el inconsciente colectivo mundial. La dirigió Costa Gavras, fue nominada al Óscar y fue ganadora de Cannes en 1982. En Chile fue prohibida por la dictadura de Pinochet, pero todo el mundo pudo verla por VHS.
Finalmente, ¿qué me puedes contar de “Sudor”, el proyecto de filmar tu próxima película en la selva de Iquitos?
Ahora tengo paz y espacio en mi disco duro para hacerla. Creo que ahora puedo escribirla, hacerla y conectarme con ella. Me atrae mucho la idea de alguien que está perdido en un país, en un lugar que no es el suyo. Una vez que terminé “Missing” me puse a filmar “Velódromo” y aprendí que se puede hacer una película chica, sin dinero, lo que yo llamo “cine garaje”. “Sudor” puede resultar con esa moral. Ahora me siento mucho más confiado que el año pasado, cuando llegué a Iquitos y me asusté. ¡Dios! ¡Qué va a pasar aquí con los equipos! Yo veía técnicos electrocutados con las luces un día de lluvia. Ahora me doy cuenta de que se puede hacer una película perfectamente, dependiendo de tu creatividad y energía y no del productor de turno o de las modas.
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