Archive for November, 2009
La porno-cocina
by Alberto on Nov.29, 2009, under Cine, Directores, Ke Pasa, artículos, trivia

Desde Lima capital culinaria del mundo posteo esto que apareció en Santiago, y en Qué Pasa, la semana pasada, a raíz del estreno de Julie & Julia (notable cinta a todo esto, mejor que mucho cine de autor chanta).
La Porno-Cocina
por Alberto Fuguet
1-
Tenía que suceder, la obsesión tenía que llegar. Quizás ya llegó qué rato. Pero “los excesos” ya están apareciendo en el país: cevicherías carísimas que no aceptan reservas; locales de venta de comida orgánica; hoteles que se definen más por su onda y sus bares y restoranes que parecen más interesados en captar el mundillo cool local que a sus pasajeros extranjeros; delicatessens (mitad restorán, mitad almacén de la esquina) con aire y precios de boutique; críticos de vino con más fama y poder y espacio que muchos de sus colegas que se dedican al séptimo arte o la literatura. Algunos ingénuos creen que la polémica artística del año es entre La nana e Isla Dawson. Se equivocan. Es entre La Mar y Mestizo. Gonzalo Frías y su Séptimo Vicio es quizás el único programa de cine de la televisión del cable. En el Canal Gourmet la comida no para durante las 24 horas del día. Y es que la comida hace tiempo tiene una función mucho mayor que alimentar. Y en menos de una década el sushi pasó de ser una suerte de alimentos para “snobs y atrevidos” a ser lisa y llanamente una posiblidad más de “delivery”.

2-
El otro día, después de un almuerzo mediocre y liviano, pude ver Julie & Julia, la nueva cinta de Nora Ephron, la célebre y aguda periodista norteamericana, que luego pasó a novelista, guionista (”Cuando Harry conoció a Sally”) y directora de cine (”Sinfonía de amor”; “Tienes un email”).Quedé sorprendido, estimulado, con un entusiasmo por las nubes, con una sensación de felicidad embriagador, y con mucha, mucha hambre. El encantador filme, que parecen liviano como un soufflé pero tiene la densidad de un boeuf bourginion, se estrena pronto en Chile y justo cuando el boom de la moral gourmet está llegando a su peak (una de las últimas revistas en papel que han salido al mercado se llama Wine). La Ephron ya antes había trabajado con Meryl Streep cuando Mike Nichols adaptó su novela El difícil arte de amar (en rigor, Heartburn, su título original, tiene dos significados: ácidez estomacal y quiebre de corazón). En esa cinta, comida y política y niños no eran los ingredientes compatibles. El personaje de la Streep intentaba hacer recetas de cocinas para luego publicarlas en el diario; Jack Nicholson era un reportero político tan interesado en perseguir senadores corruptos como alumnas en práctica. El personaje de Streep estaba basado en la propia Ephron; el de Nicholson en Carl Bernstein, el mismo derrocador-de-estadistas de Todos los hombres del presidente. Ephron siempre ha sido aguda pero, dos décadas después de la clásica Cuando Harry conoció a Sally, lo cierto es que sus propios filmes no lograban ser ni comedias ni románticas. Algo en ellas no funcionaba partiendo por la química. Hasta ahora que aparece una cinta tal deliciosa, aguda e inteligente, además de sensual, como Julie & Julia, lejos una de las mejores cintas producidas por Hollywood del año. Julie & Julia es el tipo de cinta que sólo Hollywood puede hacer y lo hace perfecto. Es cine comercial destilado, una reducción que transforma géneros y personajes que conocemos en algo nuevo. En un momento en que buena parte de las cintas supuestamente de autor o de arte, apoyada por festivales, parecen comida congelada llega esta pequeña obra maestra menor, algo asi como el mejor de los postres que podría servir una local bendecido por las tres estrellas de Michelin. Julie & Julia quizás no sea una obra maestra pero, al no intentar ser una, logra transformarse en algo parecido: una receta tan original y fresca que claramente tiene que basarse en la simpleza y en elementos al alcance de todos. (continue reading…)
El Comercio–La crónica del tío
by Alberto on Nov.28, 2009, under mis libros, mis películas, notas de prensa/críticas
from Lima— mucha prensa y mucha pega y mucho sueño— ayer, creo, estuve en El Comercio On-Lime con Quique Planas. Pero antes hablamos por teléfono y esto fue lo que publicó antes que aterrizara.

ENTREVISTA. ALBERTO FUGUET
La crónica del tío perdido
EN “MISSING”, SU LIBRO MÁS INTENSO Y PERSONAL, EL ESCRITOR CHILENOCUENTA LA DESAPARICIÓN POR VOLUNTAD PROPIA DE SU TÍO CARLOS FUGUET, UN INMIGRANTE PERDIDO EN EL SUEÑO AMERICANO
Por: Enrique Planas
Alberto Fuguet recuerda una discusión telefónica: su tío Carlos, ex hippie, ex soldado del Ejército estadounidense y ex convicto por desfalcar a una parroquia, no había devuelto a su madre un dinero prestado. Y todos se ensañaban con la oveja negra de la familia. Finalmente, su padre, el abuelo del escritor chileno, cogió el auricular y espetó: “No existes para mí. Solo me has traído problemas, no queremos verte nunca más. No me interesa que seas hijo mío”. Y Carlos cumplió el deseo paterno. Nadie supo más de él. Se perdió en la inmensidad de Estados Unidos. Se esfumó. Corría el año 1986.
La llamada telefónica encuentra al autor de “Mala onda” frente a la isla de edición donde arma la historia de “Velódromo”, película que piensa estrenar el próximo año. Protagonizada por Pablo Cerda, la cinta es —en palabras del propio Fuguet— “una comedia con toques de drama”. Pero no cambiemos de tema: treinta años después de que el tío Carlos desapareciera sin dejar rastro, su sobrino escritor y cineasta decide salir a buscarlo, previa reconciliación con su propio padre. Como un detective aficionado, recorre las carreteras de la costa suroeste. La crónica de esta investigación, así como las consecuencias de sus hallazgos toman forma en “Missing”, libro que recapitula todas las obsesiones del escritor y que la crítica empieza ya a considerar como su mayor logro. ¿Sirve de algo decir que las intimidantes 400 páginas del libro se leen de un tirón?
“Missing” es una investigación sobre el paradero de tu tío Carlos, pero también es la crónica de la gradual reconciliación con tu propia familia…
Totalmente. Mucha gente me ha preguntado cómo mi familia me dio permiso para escribir un libro como este. Bueno, no tengo que pedir permiso, ya estoy grande, pero puedo decirte que “Missing” fue un proyecto colectivo, familiar. Ellos estaban al tanto, leyeron los borradores del libro, me dejaron usar nombres reales, me dieron su bendición. Este libro no generó un cataclismo familiar; todo lo contrario.
“Missing” es un libro cruzado de dudas, como si permanentemente pensaras si en verdad había motivos válidos para escribirlo…
Estaba lleno de dudas. En un principio pensé que la verdadera motivación era encontrar a mi tío. Pensé que iba a estar un año investigando pistas falsas, sin hallarlo nunca, pero lo encontré mucho antes de lo que esperaba. Luego sentí que mi tío era menos fascinante de lo que me parecía al inicio. Mi tío Carlos ha tenido una vida intensa y loca, pero no novelesca en el sentido antiguo del término. Después me di cuenta de que eso no importaba. ¡Ya tenemos demasiados personajes novelescos en la literatura!
¿Admirabas a tu tío por su vida loca, por ser hippie, soldado y rockero o por su libertad, su vida ligera de equipaje?
Es una suma de mil cosas. Una de ellas: que fuera capaz de tomar una decisión. Siento que vivió una vida literaria, quijotesca, de abandonar todo y ser libre para comenzar de nuevo.
Otro gran tema del libro es cómo tu tío Carlos fue víctima del sueño americano…
De alguna manera creo que Carlos cumplió el sueño americano: el sueño cultural de ser un cowboy, un rockero, un perdido. La literatura estadounidense está llena de esos personajes. Eso me parece fascinante. Logró ser parte de la cultura americana, dejó de ser un chileno para convertirse en un vaquero errante, un “rolling stone”.
Y, sin embargo, también vive el infierno de ese sueño, lo que llamas el territorio del “white trash” (“basura blanca”), un tipo de bancarrota a nivel cultural…
Ahí viene la contradicción. Como lector, el mundo “white trash” te parece fascinante, pero otra cosa es vivirlo. Creo que la mayoría de latinos, incluidos los peruanos que emigran a Estados Unidos, terminan en ese nivel primario del sueño americano. Son muy pocos los que llegan más arriba. Terminan transformados en gente sin raíces que dejaron de ser lo que fueron y que en Estados Unidos son una suerte de subcultura flotante, a la deriva.
“Missing” es un libro que marca también tu necesidad de vivir una aventura, de recorrer Estados Unidos en busca de tu tío…
Un libro que siempre me llamó la atención y del cual quedé impactado por su aventura fue “El pez en el agua”, de Vargas Llosa. Por un lado, todos sus capítulos autobiográficos y, por otro, la locura de la aventura política. Pareciera que nunca le importó realmente ganar la presidencia, lo que él quería era ingresar e investigar el mundo de la política. Fujimori parecía ser un invento literario suyo.
¿En el libro te identificaste también con la difícil relación del niño Vargas Llosa con su padre?
Absolutamente, con la diferencia de que yo pude recuperar a mi padre mucho antes. No tuve que esperar que estuviera muerto. Hace seis meses, mi padre fue conmigo a Las Vegas a entregarle al tío Carlos el manuscrito del libro. Se convirtió en un socio del proyecto.
¿Le gustó el libro a tu tío Carlos? ¿Qué te dijo?
¡Mi tío está fascinado! De hecho, en el diario “La Tercera” de Chile, el domingo (hoy) saldrá una entrevista a él. Pero más allá de eso, siento que han pasado tantas cosas con este libro que, quizá, cuando salga en edición de bolsillo, le agregue una coda, un “making off post-fin” del libro. Y una de esas historias será la entrega del libro a mi tío. Es todo un cuento. Se lo llevamos a Las Vegas y Carlos lo leyó en un par de horas. Básicamente lo resumió en una frase: “Me entregaste una historia, una vida”, me dijo. Ahora se siente mucho más ordenado, ahora entiende lo que hizo. Y eso me parece fascinante, y supongo que para eso sirve la literatura: para ordenar vidas.
Tantas veces se ha dicho que la literatura es un oficio gratuito, y tú le encuentras una utilidad…
Ligado a la autoayuda, digamos. Aunque sería mejor la palabra “ayuda”, a secas. Ayuda al lector usando la experiencia de los demás. Un escritor que trate de ayudarse escribiendo está perdido. Sin duda, escribir tiene algo de terapéutico y de botar fantasmas, pero no es una terapia, no es un diván. No hay que confundir el lápiz con las píldoras. La ayuda literaria pasa por el otro lado: aquellos que leen libros terminan sintiéndose más protegidos.
Es por eso que fue tu tío el que termina despejando tus dudas de escribir el libro. Él siente que el libro servirá para que su dura historia haya valido la pena.
Todo eso que cuento en el libro es verdad. Él me obligó a escribirlo. Nunca esperé que me dijera eso. Yo estaba preparado con excusas bastante buenas para no escribirlo. Sentía que ya había satisfecho mi necesidad: encontrarlo.
Sorprende en el libro la versatilidad de narradores, como si se tratara del “detrás de cámaras” de un libro que está por escribirse.
Sí, es totalmente un “making off” de un libro que se arma una vez que lo leíste. Son como los “extras” de un DVD, en el que se cuentan distintos momentos de una producción.
Supongo que en Chile, la palabra “desaparecido” del título de tu libro puede generar confusiones con la dolorosa historia chilena.
Exactamente. Perderse por derecho propio es, dentro de todo, una decisión respetable. No así desaparecer por decisión de la dictadura. Cuando decía que mi tío se había perdido, algunos creían que mi familia era de izquierda, pensando que mi tío había sido secuestrado. Allí me di cuenta de que en Chile todos asocian el término “perdido” a “desaparecido”. Además usé la palabra “missing”, en inglés, porque es el título de la película sobre Chile más famosa del mundo. La que, lamentablemente, ha penetrado más en el inconsciente colectivo mundial. La dirigió Costa Gavras, fue nominada al Óscar y fue ganadora de Cannes en 1982. En Chile fue prohibida por la dictadura de Pinochet, pero todo el mundo pudo verla por VHS.
Finalmente, ¿qué me puedes contar de “Sudor”, el proyecto de filmar tu próxima película en la selva de Iquitos?
Ahora tengo paz y espacio en mi disco duro para hacerla. Creo que ahora puedo escribirla, hacerla y conectarme con ella. Me atrae mucho la idea de alguien que está perdido en un país, en un lugar que no es el suyo. Una vez que terminé “Missing” me puse a filmar “Velódromo” y aprendí que se puede hacer una película chica, sin dinero, lo que yo llamo “cine garaje”. “Sudor” puede resultar con esa moral. Ahora me siento mucho más confiado que el año pasado, cuando llegué a Iquitos y me asusté. ¡Dios! ¡Qué va a pasar aquí con los equipos! Yo veía técnicos electrocutados con las luces un día de lluvia. Ahora me doy cuenta de que se puede hacer una película perfectamente, dependiendo de tu creatividad y energía y no del productor de turno o de las modas.
leve aclaración:
by Alberto on Nov.28, 2009, under Cine Chileno, Digital, cinepata.com, mis películas, notas de prensa/críticas, trivia
En conversación con Agencia Efe salió hoy un cable donde hay 2 imprecisiones respecto a Velódromo (2010):

no es un largo (o un corto) de 30 min— es un largo garage de… aun no sé… de al menos dos horas…capaz q más. Y no costó 5 mil dólares porque aun falta mucho para completarse. Pero sí es cierto que su costo será muy interior a % que el Fondart te da para que sigas consiguendo dinero y al final nunca termines consiguiendo ese puto dinero y luego todo mal, miles de deudas, miles de postulaciones y la película apenas alcanza a estar una semana en cartelera. Leyendo Free de Chris Anderson. Hay que buscar nuevas maneras de financiar para que el cine realmente se parezca a los libros. Los libros se escriben si o si, sin apoyo o no, y no necesitan del permiso de otros.
eso.
¿no es época para fantasías?
by Alberto on Nov.28, 2009, under Libros, escritores, mis libros, notas de prensa/críticas, trivia
Esto salió el sábado pasado en La Tercera y Matías Rivas analiza si llegó la hora de terminar con la ficción.Es, claro, una provocación, y yo ando escribiendo cuentos y guiones, pero uno de los temas que me preguntan mucho acerca de Missing es que es verdad y que no. Yo digo, y lo creo, que es 97 o 96% verdad. Hay algo de mentira o de fantasía pero lo suficiente para que parezca verdad. Algo 100% real a la larga es mentira.

No es época para fantasías
Matías Rivas
Hay síntomas que nos permiten presumir que la narrativa de corte fantástico y alegórico está pasando por una crisis. Es impensable imaginar que una novela de fantasmas, como Pedro Páramo, vaya a poner a la crítica de rodillas, o que toda una generación comulgue con una obra con atisbos surrealistas, como ocurrió en los 60 con Rayuela de Cortázar. Parece que la atención del público se está desviando hacia otro tipo de lecturas: un paseo por librerías es suficiente para constatar que tanto el realismo como la no ficción ocupan cada vez más espacio en los mesones.
Este no es un fenómeno nuevo, pero cada día se agudiza más. No significa ni la muerte de la novela, siempre tan anunciada, ni que hay un divorcio entre escritores y lectores. Lo que me atrevo a sugerir es que vivimos momentos complejos, donde es difícil leer con gusto y digerir lo que no emana de circunstancias plausibles. Un ejemplo: la ciencia ficción dejó de ser un género masivo para convertirse en una expresión de capilla. Nadie puede interesarse en androides cuando la existencia común no da tregua y supera por mucho a lo freak. Tampoco es viable leer historias donde el autor se ha engolosinado con su capacidad para inventar y trata de llevarnos por territorios improbables.
Al parecer el camino más viable para la ficción continúa siendo el realismo. Así lo plantea el crítico norteamericano James Wood en su libro Los mecanismos ocultos de la ficción. Sostiene que éste sigue firme porque asume las complejidades de los personajes, escruta en la vida de ellos hasta mostrarlos como seres vivos, con problemas y aciertos, con ambigüedades. Es lo que nos sucede cuando leemos las novelas de Bellow, Coetzee o Yates. Nos sentimos identificados con sus atmósferas y con los problemas que se exponen. Compartimos algo de los mundos que nos muestran. Se produce una empatía, que es cada vez más ineludible en estos tiempos de apuros y soledad.
Muchos autores, con evidente perspicacia, se han atrevido a probar en otros formatos para contar lo que les apremia sin inventarse máscaras. Algunos decidieron ser ellos los protagonistas de sus obras, otros investigar vidas reales, documentadas. Missing –el último libro de Alberto Fuguet– se inscribe en ambas líneas de la no ficción. Y lo hace con una osadía pocas veces vista. Sin duda Missing es su libro más personal, escrito sin piedad pero también sin mala leche. En él se cuenta como el autor logró encontrar a su tío Carlos, que estaba perdido en EEUU.
Con esa excusa, Fuguet pasa revista a la historia de su familia y a sus propios conflictos. Lo hace con crudeza. Y termina realizando un libro entrañable, tanto como su excéntrico tío.
No deja de ser curioso que sea un libro de no ficción, como Missing, donde la literatura chilena está corriendo los mayores riesgos. En este caso se trata de riesgos personales, por la intimidad revelada, y también de riesgos literarios, porque en el libro el autor adopta distintas maneras de narrar que se complementan. Hay un momento en que escribe monólogos en verso libre, que perfectamente podrían funcionar como poemas. Missing tiene algo emotivo y una textura compleja: es un reportaje, una autobiografía y una novela. Y es también el libro de alguien que busca en otro lo que a él le falta, que sigue sus obsesiones como si fueran mandamientos y que no tiene miedo de enfrentar su pasado y presente.
Pienso en este tema a propósito de que se cumplen 50 años del crimen que relató magistralmente Truman Capote en A sangre fría y de la lectura de Missing de Fuguet. Por asociación, vienen a mi mente otros libros similares que me marcaron, como Patrimonio de Philip Roth, donde el autor cuenta como la enfermedad devoró a su padre, o Esa invisible oscuridad, de William Styron, un breve volumen en el que este escritor confiesa su depresión y sus consecuencias.
una pantalla propia
by Alberto on Nov.26, 2009, under Apuntes, Ke Pasa, escritores
artículo escrito para Qué Pasa hace una semanas —100% autobiográfico–hay para Mac y para PCs


Una pantalla propia
Estoy escribiendo este ensayo-columna-artículo en un software especial llamado WriteRoom creado por Hog Bay Software. Un amigo me envió el link y me dijo, apúrate, es gratis por cinco días más. No estaba de cumpleaños pero ha sido uno de los grandes regalos que he recibido este año. Además el link me llegó en un momento clave: justo cuando sentía que ya tenía demasiada información en la mente, 44 mails sin responder en mi casilla de borradores (raro como uno empieza a odiar a la gente que te escribe, ¿no?) y una promesa personal de no ingresar a twitter por mucho que todos me insisten en decir que cada vez estoy más “2006″.
Quizás.
De inmediato lo descargué y ya estoy adicto a este nuevo invento tecnológico que, como todas aquellas grandes creaciones, lleva a la práctica algo en extremo simple. En este caso la sensación y la sensualidad y la confianza que ocurre o ocurría cuando alguien escribía en papel.
Cuando alguien escribía algo que le importaba en silencio.
El software, al que ya bauticé como A Room of My Own, para citar a Virginia Wolff, mujer algo alterada que, se me ocurre, no hubiera sido capaz de soportar tanto ruido digital externo (de hecho, no fue capaz de tolerar el suyo), es genial. Cumple con creces lo que promete. No soy programador y no tengo claro como se logra, pero el concepto es tan, tan anti-tecnología que uno se olvida que es gracias a la tecnología que el programa te permite desechufarte.
Aislarte.
Alejarte.
No sólo del 2009 sino que te lleva lisa y llanamente a la era del Pong. (continue reading…)
leer, hablar, mostrar—agenda limeña
by Alberto on Nov.23, 2009, under Apuntes, Cine, Cine Chileno, Digital, cinepata.com, mis películas, trivia

Lo bueno de volver a un lugar que uno conoce es que no es necesario intentar conocer o turistear. Y aunque hay lugares que me gustaría conocer, que no conozco, esta no será la oportunidad
agenda pública LIMA 09:
HABLAR/FIRMAR: Viernes 27– 19:00– Feria Ricardo Palma–Presentación de MISSINGjunto a Renato Cisneros.
LEER: Sábado 28, 12 horas— leeré Missing a viva voz (extractos, claro). Librería Crisol, Ovalo Gutiérrez, Miraflores (creo).
MOSTRAR/CHARLAR: antes de partir, pasar de escritor a cinéfilo. Junto a mis amigos de www.cinencuentro.com y AudioVisual Films de Iquitos, vamos a conversar de cine, hablar del “cine-garage” y mostrar algunos cortos (como Domingo) que ya están o estarán en www.cinepata.com. Tb llevo un adelanto, unos buenos minutos de Velódromo, mi nuevo largo en procoeso de post-producción. Esto será el sábado a las 17 en Red Científica Peruana en San Isidir Más data en el post que escribieron en CNC: Un Garage Propio: cine no industrial en el siglo 21
Conversando con Caretas y Rumbo a LIMA
by Alberto on Nov.22, 2009, under Libros, artículos, escritores, mis libros, mis películas, notas de prensa/críticas
Back to Lima— ahora con Missing bajo el brazo (que partio gracias a Etiqueta Negra): una gira intensa y corta pero que será tanto literaria como cinematográfica. Pronto mas data de la agenda pero el día D es el viernes.

Escritor y cineasta Alberto Fuguet presenta Missing, su pesquisa para hallar a su tío extraviado en los EE.UU., en la Feria Ricardo Palma.
Perdido y Reconciliado
por José Tsang
Fuguet (1964, Santiago) se siente un trasplantado. Criado en EE.UU., cuando regresó a Chile con acné se sintió perdido en medio del español. La conexión con el cine fue su bálsamo. Su tío Carlos fue más allá: de grande emigró para cazar el sueño americano y se perdió de verdad. Nadie en su familia lo buscó hasta que Fuguet asumió la misión de reparar la omisión. El resultado es Missing (Alfaguara, 2009), acaso su libro más confesional y descarnado.
–En Missing, tu tío Carlos no es el único tema. Reflexionas sobre por qué crear.
–Missing es también una investigación acerca de la memoria de mi familia y mi rol como el escritor de ella, de qué es una novela o cómo se escribe una, y de los riesgos de la inmigración. Es más que un libro o la invención de un mundo. Con Missing fui detective, removí secretos y alteré destinos. Eso, por muy intenso que sea un libro, se logra poco.
–¿Cómo ha reaccionado tu familia? ¿Sigues siendo el incomprendido?
–Ahora soy el regalón. Acá la gente pensó que me habían desheredado. Todo lo contrario: están felices. Le pedí a mi padre su bendición para escribir Missing. Por algo soy el escritor de la familia. Es cierto: algunos quedan mal pero eso no implica que sean malos. Las familias normales no tienen artistas; sí las raras, las disfuncionales. Quizás la pasé mal pero ya no.
–Tu nueva cinta Velódromo, a estrenarse solo por cinepata.com, tendrá toques de comedia. ¿El humor es una reacción natural luego de los conflictos filiales en Missing?
–Velódromo es una suerte de comedia existencial, como contraparte al drama existencial. Es el lado simpático de sentirse un pez fuera del agua, o lo freak y humillante que es seguir tratando de encontrar tu lugar en el mundo. Para variar, está el perdido o “no del todo aquí”. El tono es garage, es decir, creer que se puede hacer cine a lo Woody Allen en Santiago y fuera de la industria de Hollywood. Esto no es 2012. En cuanto a Missing, buena parte de las reconciliaciones ocurrieron en la calle, no en el computador o en un diván digital. Y como ya sabía el final, fue muy gozoso y libre escribirlo. Quizás para hacer drama duro es necesario estar contento.
–Missing empezó como un pedido de la revista Etiqueta Negra. Ahora están el filme Sudor e Iquitos.
–No quiero hablar mucho de Sudor, porque mientras menos se habla, más se hace. Eso sí, el apoyo de la gente de Loreto es asombroso. Respecto a planes, estoy a la espera de Perdido, la novela gráfica basada en el guión que no se filmó. Y estoy armando un libro de cuentos para el otro año, justo para los 20 años de la salida de mi primer libro de cuentos. También rodaré un corto en marzo acerca de un sudamericano que intenta tocar country en Nashville. (José Tsang)
Gente Demente– fin temporada 3 de Mad Men
by Alberto on Nov.15, 2009, under Apuntes, Cine, Ke Pasa, actores, artículos, trivia
el domingo pasado, en USA, terminó la tercera temporada de Mad Men. Como siempre, el último capítulo fue dirigido por su creador, Matthew Weiner. Gracias a torrent, pude gozar esta notable serie. Cuando estaba partiendo esta temporada, escribí esto para Qué Pasa. Ahora espero ansioso la cuarta temporada. Viva Don Draper.
Gente demente
Una obra maestra in progress está en pantalla y se llama Mad Men. Es acerca del mundo de la publicidad. Es decir, acerca de la soledad, la mentira y la necesidad de venderle sueños y ganas a gente que no los tiene. La serie -cuya tercera temporada acaba de partir en Estados Unidos- es, sin exagerar, la gran novela norteamericana del trabajo del sigo XX.
Por Alberto Fuguet
1. Parto por la conclusión: de un tiempo a esta parte, existe la idea, fundamentada creo, de que ciertas series, de cierta televisión (básicamente HBO y otras señales de cable, aunque hay programas que han nacido de la TV abierta norteamericana), superan con creces lo que se está haciendo en el cine y, si se quiere polemizar, incluso en la literatura. He estado promocionando esta idea. Llevo un par de años en esta cruzada. No tengo claro por qué, pero es cosa de ir al cine comercial para ver que ahí no está lo mejor de lo que se está produciendo. Y pasar ocho horas y ver cuatro cintas muy premiadas y financiadas del cine arte latinoamericano en el último Sanfic te hacen quedar lo suficientemente apaleado como para correr a tu casa a desintoxicarte y ver algo decente y normal e inteligente como, no sé, Nurse Jackie o Hung, una serie acerca de la crisis que hoy vivimos, filmada en el epicentro mismo del desastre: Detroit.

Pocos libros logran conectar de la manera novelística como lo hacen las series. Y es que las series -de nuevo: nada nuevo- son las nuevas novelas. Del siglo XIX nos saltamos al XXI. Novelas por entrega que producen adicción y que nos hablan de la sociedad (todos) en vez de las penas de un autor (él). Ejemplos de series notables existen y son muchas. Mientras los críticos de cine se desgastan colocándole estrellitas a cintas mediocres y prescindibles (partiendo por aquellas que supuestamente son importantes y premiadas), llama la atención que no exista aún el crítico de series, acaso el nuevo y verdadero arte contemporáneo. Las series fueron realizadas para “otras pantallas” (acaso las nuevas pantallas) y tienen una vocación popular (quieren ser vistas). Como si eso fuera poco, han encontrado un tempo acorde con los tiempos: poco, pero mucho. Una hora semanal durante semanas y semanas y semanas. Mientras una cinta de 90 minutos puede volverse intolerable, hay gente sin tiempo ni para respirar que, sin darse cuenta, ha pasado más de 36 horas seguidas con determinados personajes.
¿Alguien vería un filme de 36 horas? (continue reading…)
legión de honor
by Alberto on Nov.14, 2009, under Directores, actores, trivia

“Cuando miramos una de sus películas, nos enriquecemos por los sentimientos que en ellas se desarrollan y al mismo tiempo lo comprendemos todo”
Nicolás Zarkozy, al colocarle la medalla de la legión de honor a Clint
twenty years later…
by Alberto on Nov.14, 2009, under Libros, escritores, mis libros, notas de prensa/críticas, trivia

Los 90, la fiesta electrizante
La generación de los 90 está en plena forma.
Creció, maduró, se diversificó.
POR ANDRÉS GÓMEZ BRAVO
- 14/11/2009 –La Tercera
Recién se conocían, pero parecían viejos amigos. Tenían 25 años y conversaban en un café de Buenos Aires. Llovía. Alberto Fuguet y Rodrigo Fresán se veían por primera vez y, por esas extrañas coincidencias, descubrían que tenían mucho en común: el cine, la música, la cultura pop. Libros, películas, discos. Esa tarde discutieron sobre Steve Martin y Bill Murray. Fuguet había publicado Sobredosis, su primer libro, y Fresán era un escritor inédito, con un caudal de historias que saldrían a la calle como un disco sicodélico. Era 1990, el primer año de la última década del siglo XX. Fuguet y Fresán seguirían su diálogo y se convertirían en protagonistas de la nueva escena.
La Guerra Fría había terminado. El mundo se reseteaba y en el aire se respiraba la sensación de un comienzo. MTV era el gran laboratorio de la cultura emergente: los nuevos héroes se llamaban Kurt Cobain, Mike Patton o Beastie Boys. Tim Burton llenaba el cine de fantasía freak y Tarantino hacía de la violencia un género pop. El canadiense Douglas Coupland recogió el espíritu ambiental y lo bautizó en una novela, Generación X.
Con Fuguet y Fresán a la cabeza, la literatura en español vivía su propio big bang: un puñado de autores con vocación de estrellas explotaba sobre un cielo de astros cansados, que una vez fueron el boom. Entre 1991 y 1992 aparecieron Mala onda, de Fuguet; Historia argentina, de Fresán; Lo peor de todo, del español Ray Loriga, y Días de papel, del boliviano Edmundo Paz Soldán. Nacidos en la década del 60, hijos del rock, el cine, la TV y la cultura pop, lectores de novela americana, urbanos y cosmopolitas, trajeron una descarga de energía fresca a la narrativa en español.
Renovaron el escenario, rompieron con el cliché de la Latinoamérica rural y mágica y le dieron la última patada al basurero de la literatura de pancarta, tan comprometida como majadera y aburrida. Por supuesto, generaron escándalo: el cura Valente mandó a Fuguet al infierno. Y pese a ello, o gracias a ello también, tuvieron éxito: hicieron de la literatura una fiesta. Imposible no leerlos.
Después vino McOndo, esa antología parricida, y ya saben lo que pasó. Los acusaron de frívolos, snob y vendidos. Una copia de la narrativa gringa. Dijeron que su éxito era puro marketing. Incluso Luis Sepúlveda, que aún no pide perdón por lo mal que escribe, los calificó de “literatura light” y de ser “hijitos de su papá”.
La fiesta de los 90 se acabó hace rato. Los hijitos crecieron. Y mientras sus detractores se convierten en los fantasmas de viejas navidades o sobreviven plagiando, plagiándose o persiguiendo premios, que es otra forma del plagio, ellos están en plena forma. A principios de año, Paz Soldán publicó Los vivos y los muertos, una non fiction sobre adolescentes en EEUU. Una novela notable, que incomprensiblemente Alfaguara aún no trae a Chile. Fresán acaba de publicar El fondo del cielo, una declaración de amor a la ciencia ficción que transcurre en Manhattan y que cita, entre otros, a Tokio ya no nos quiere de Loriga. El escritor español vino a Chile y presentó en la Feria del Libro su novela Ya sólo habla de amor, junto a Fuguet, que también tiene novela nueva: Missing, acaso su libro más aplaudido, la historia de la búsqueda de su tío Carlos, perdido en EEUU.
La generación de los 90 creció, maduró, se diversificó. Hoy son mejores escritores, desde luego. Con todos sus errores de juventud, sus primeros libros aún llevan carga radiactiva, pero ya no escandalizan: se reeditan como clásicos. Como Nevermind o El joven manos de tijera. Y los recordamos como lo que fueron: los primeros sonidos de un concierto electrizante.