APUNTES AUTISTAS

Ke Pasa

el síndrome del making of– resumen Sanfic 6

by Alberto on Aug.30, 2010, under Cine, Cine Chileno, Digital, Directores, Ke Pasa, artículos, trivia

despacho breve de un festival que cada vez mejora y trae mas sorpresas— falto espacio para tantas pelis pero bueno…

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Después de ver un promedio de cuatro a cinco películas diarias de cine-arte latinoamericano en el último y mejoradísimo Sanfic 6, seguí el consejo de un amigo director y traté de desintoxicarme. Lo hice con Date Night, una comedia no tan disparatada ni mucho menos perfecta, fabricada por Hollywood con dos estrellas surgidas de la TV: Steve Carell y la grandiosa Tina Fey. No hubo, por cierto, nada remotamente parecido en el Sanfic a Date Night y no tiene por qué haberlo. Uno puede ver cintas como ésta (un matrimonio decide salir en una cita romántica sin niños y terminan en medio de una persecución) a cada rato, pero mientras la veía nunca pensé en salirme y, lo mejor, nunca pensé que el director estaba más preocupado de cómo dirigía que de seducir y entretener al espectador.

Y quizás ésa es la vara que mide el gran cine (y Date Night, ojo, no lo es) con el cine que trata de ser grande y que no lo es, aunque pueda ser novedoso, lento, raro o una suma de las tres cosas. No todas las cintas que no llegan a la cartelera son obras maestras, pero en un mundo perfecto uno tendría la posibilidad de poder verlas igual en salas grandes y con la butacas llenas de gente sudando adrenalina. Ésa es la gracia del Sanfic: crear un mundo que no es el mundo real. Por una semana, la cinta pequeña y alternativa lograr transformarse en Avatar.

En un festival como Sanfic todo puede pasar. Por cada joya, se ven tres bochornos que creen que arte es experimentar, tanto que se terminan copiando los clichés de otras cintas desarticuladas que han embaucado a jurados inseguros en ciudades del norte de Europa y -quizás el peor de los pecados- se cree que hay dos elementos que ya no son necesarios: el guión y la empatía. Bienvenidos a la era del docudrama o la ficción documental, donde los actores no son bienvenidos y donde Billy Wilder y Woody Allen y Eric Rohmer son considerados el enemigo.

Varias tendencias se pudieron detectar después de ver más de 25 filmes. Quizás las tendencias más fáciles de destacar fueron: el síndrome del making of (donde lo más fascinante de la cinta es la historia de cómo se realizó o concibió, algo que siempre le gusta a la prensa); y la oda rousseauniana o remakes de arte tipo “La laguna azul” (cintas sobre extraños que van a islas o sitios ajenos, como la sobrevalorada, escamada y últimamente tramposa Alamar o El calambre de un cineasta mexicano que no es ni será Terrence Malick). “Gummo”, “Tarnation” y “Los muertos”, esta última de Lisandro Alonso, no se exhibieron, pero cintas inspiradas en ella abundaron e incluso agotaron.

La mejor cinta que vi fue la que, además, terminó ganando aunque es una pena que tuviera que compartir el premio con la que más me sulfuró: “Alamar”, pero bueno, la cinta eco-mexicana desaparecerá y, poco a poco, Matthew Porterfield irá consolidándose. Putty Hill, una cinta americana tan alejada de Hollywood, que termina rescatando lo mejor que hizo Hollywood durante los años 70. Una cinta coral sobre un grupo de veinteañeros que parecen los zombis de un país devastado, donde la familia desapareció hace años y lo único que queda son las ruinas humeantes. Todos están ligados a Cory, un chico que quizás tuvo la buena idea de morir de una sobredosis y saltarse el mundo tal como lo conocemos. El llamado mundo del white trash acá es tratado con gloria, sensualidad y cariño. Matthew Porterfield conoce esa gente y además tiene la buena idea de entrevistarlos sin guión, pero no cae en el síndrome del making of porque si bien él mismo confiesa que su guión fue “delgado”, Porterfield entiende que el único mundo que conoce y domina, que le duele y del cual nunca va a escapar, es el barrio de Putty Hill, al norte de Baltimore. Su mundo es atroz, pero su mirada tiene estética y verdad: es verano, hace calor y el todo parece a punto a derrumbarse, pero no por eso la gente no puede tatuarse, bañarse en un río, pasar tardes en una piscina inflable o cantar karaoke durante una fiesta post funeral, en una secuencia tan inspirada y cargada que remite nada menos que al final de El francotirador de Cimino. Matthew Porterfield es un total marginal y, quizás por no contar con las caricias europeas con que cuentan muchos cineastas latinoamericanos, no tiene que rendirle cuentas a nadie, excepto a sus propios fantasmas.

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Los cortos nacionales siempre son un buen lugar donde conocer talentos nuevos, tanto detrás como delante de la cámara. En Bruselas, filmada en Nueva York con una cámara de foto fija digital Canon, Omar Zúñiga Hidalgo cree tanto en sus personajes y en el guión (los buenos silencios son parte de un guión) que, claramente, no obtuvo ni una mención especial. Pero no me cabe duda que ahí hay un cineasta que lee, que entiende, que conecta, que no tropieza con la moda y que sabe que menos es más.
Sanfic es el festival donde los chilenos pueden debutar o estrenar de la mejor manera, y buena parte de la delegación que casi se tomó el último Bafici estuvo presente, como la encantadora y creativa y extremadamente chilena 31 de abril, que sin duda conectó con el público, que la premió como su favorita. Víctor Cubillos sabe lo que hace y tiene pura buena fe y entusiasmo. Quizás demasiado porque la cinta apuesta mucho también a un final que, para mi gusto, no es tan importante como lo venden, puesto que la película perfectamente puede pararse sola, por sí misma. Otro filme donde el relato del making of casi se come al relato real, que funciona y emociona y está lleno de verdad, y que ojalá pueda estrenarse, verse y por cierto aplaudirse.

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Piglia y The Wire

by Alberto on Aug.05, 2010, under Apuntes, Ke Pasa, TV, actores, escritores, trivia

Como buen lector de policiales, la serie favorita de Ricardo Piglia es “The Wire”. GRANDE. Via ADO en QP.

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“Parece que las series han sustituido al cine clásico de Hollywood. Por de pronto los mejores guionistas actuales escriben para la televisión”, asegura.

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El Interior del Ministro

by Alberto on Jul.02, 2010, under Ke Pasa, Libros, TV, artículos

Esta crónica que hice para Que Pasa salió hace unos días ya. Para los 100 días del gobierno de Piñera. Mis editores me convencieron -les costó- que fuera a La Moneda (lugar al que sólo había visto desde afuera) a entrevistar al joven ministro Hinzpeter. Por lo que me han contado y he comprobado, la conversación/perfil causó su ruido y cada uno ha visto lo que ha querido ver. Lo que supongo es bueno porque cualquier persona tiene muchas facetas y ángulos y alguien que está en el poder más aún. Le agradezco la confianza del Ministro de poder conversar off the record y sin pensar en una grabadora o en las consecuencias posteriores (que al parecer sí tuvo la crónica). Mi meta no era ser un francotirador ni menos entrevistarlo porque las entrevistas al final son algo que poco tienen que ver con una conversación y donde el que menos se revela es el entrevistado. Aquí va con el título original que me hubiera gustado que saliera.

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EL INTERIOR DEL MINISTRO

Por Alberto Fuguet

Cuando el presidente Sebastián Piñera anunció su gabinete, hubo muchas sorpresas, sobre todo porque los elegidos no eran los sospechosos de siempre. Pero un nombramiento, quizás el más importante de todos, no fue sorpresa para nadie: Rodrigo Hinzpeter.

-¿Se sorprendió?
-Sí, y me sentí honrado.
-¿De verdad se sorprendió?
-Sí, me sorprendí.
-Mi idea es que conversemos honestamente…
-De qué. ¿De mí?
-Claro.
-¿No de política?
-Usted es político, no creo que se pueda conversar con usted si no se habla de política.
-¿Ésta no será una de esas entrevistas siúticas que intentan revelar mi alma?
-Espero que no.
-Me cargan los perfiles humanos, me parecen como siúticos. No hablaré de cosas personales; después las leo y… me sonrojo. ¿Puedo fumar?
-Claro, es su oficina.
-No es mi oficina, es la del Ministerio del Interior.
-¿Se ha googleado alguna vez ministro?
-¿A mí mismo? No, nunca. Me parecería algo…freak. Me daría lata o vergüenza…
-Pero ha googleado a otra gente.
-Eh… sí sé a donde vas…
-Yo lo googlié ayer.
-¿Y qué sale? Puras cosas buenas, seguro -sonríe-.
-De todo.
-Obviamente el incidente con Fidel Espinoza fue un error.
-Lo sorprendente es que Fidel Espinoza y ese numerito…
-Incidente…
-Incidente… El primer resultado que aparece cuando uno lo googlea a usted es una noticia donde sale el incidente con el diputado Espinoza. Antes, incluso, que su biografía en Wikipedia.
-¿Estoy en Wikipedia? Mira… ¿Y es objetivo?
-Creo que sí. ¿No lo ha leído?
-No. Esto es lo más complicado de ser personaje público. O convertirse de la noche a la mañana en uno. Eso de estar en la mira. Para alguien tímido es recontra difícil…
-¿Tímido?
-Muy tímido. Tanto que parezco arrogante. Te la gané, ¿no?
-¿En qué?
-Que la gente, alguna gente, diga o crea que soy arrogante. A veces puedo parecerlo, pero no lo soy. De verdad. De hecho, creo que cuando no me siento tímido o nerd puedo ser hasta divertido. Me pongo arrogante porque…
-Porque…
-Quizás antes lo era más… A veces también, y esto es un error que he ido mejorando creo, el ponerme a la defensiva. Les tengo un poco de mala a los intelectuales de cualquier lado y al matonaje que ejercen.
-¿Matonaje?
-Matonaje intelectual. Hay toda una faunilla que se cree superior porque supuestamente están ligados a las artes o las letras. Yo creo que la gente ligada a las letras son los que leen. Muchos intelectuales ni leen, pero no paran de opinar. ¿Dónde estábamos?
-Google, sesión del Congreso, diputado Espinoza…
-OK: yo encuentro que en el caso de Fidel me equivoqué. Tanto, que le pedí disculpas.
-¿Le pidieron que pidiera disculpas? Eso dicen…
-No.
-¿No lo haría de nuevo?
-¿Pedir disculpas? Sí, claro.
-No: lo que hizo en el Congreso con el diputado. Dicen que ese incidente lo hizo bajar puntos en la última encuesta de Adimark.
-No creo que fue por eso. Y cuando uno se equivoca, no es malo pedir disculpas. Pero ojo, esa pelea fue una pelea que yo escogí dar… todas estas cosas se producen en fracciones de segundos y uno toma una decisión de hacer o no hacer algo. La pelea fue correcta, pero me equivoqué en el medio que usé. De verdad la sesión era un gallinero. Reclamar que las sesiones se conduzcan con respeto y con un mínimo de decencia me parece correcto. Ahora, cometí un error: citar una cosa que aparecía en Google, y, por lo tanto, me equivoqué en el método. Obviamente, si pudiera volver atrás, no lo volvería a hacer.
-Se cuestionó en ese momento el potencial uso de información reservada, a la cual tiene acceso un ministro del Interior.
-Ésa fue una argumentación muy dañina que planteó Fernando Paulsen. Y muy infundada. Insinuó que yo hasta podía hacer escuchas telefónicas. No he recibido nunca una información que no tenga que ver con delincuencia. No existe información respecto de políticos o civiles, ni hay un sistema que recoja información de ellos. Además que, obviamente, si recibiera algo, jamás lo usaría.
(continue reading…)

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Cuentos/Canciones Tristes: Willy Vlautin, un escritor que canta

by Alberto on Jun.27, 2010, under Apuntes, Ke Pasa, Libros, trivia

Un post de la guia del ocio de la última Que Pasa. Escuchando la música de RF mientras editamos MC. Totalmente recomendable, por cierto…
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Lo común es enterarse de una banda a través de un amigo. O por una revista. O vía MySpace. Capaz que uno enganche con un grupo cuando tu banda favorita los cita como “claves a la hora de encontrar nuestra voz”. Descubrí a Richmond Fontaine al final de un libro. No es que el libro fuera prestado y alguien dejó como fetiche su entrada al concierto como marcador de página, no. Al final de la versión en inglés de Vida de motel, de Willy Vlautin (en español la editó La Otra Orilla y está disponible acá), había una entrevista al autor donde hablaba, claro, de sus influencias literarias (los grandes sospechosos de siempre: Carver, Shepard, Bukowski, Fante, Hemingway), pero también hablaba de Willie Nelson, Hank Williams, Johnny Cash y el actor de culto Harry Dean Stanton (”cuántas veces soñé que él fuera mi padre”). Que un autor tenga influencias musicales ya no debe provocar rechazo ni menos, en este siglo, sorpresa. Pero que el autor sea músico y tenga una banda y escriba canciones que parecen cuentos tristes es más curioso.

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Después de cerrar Vida de motel, una preciosa, entrañable, concisa y cinematográfica novela con dibujos y capítulos breves que parecen fotografías de Robert Frank, uno desea escuchar una banda sonora. En este caso, ésta existe y se compone de los álbumes del grupo country-alternativo Richmond Fontaine, el grupo donde Vlautin compone y canta “canciones-cuentos” oscuras, desgarradas y urbano-rurales, donde los protagonistas -sí, son cuentos- son seres “con vidas dañadas, almas perdidas”.

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El universo de Richmond Fontaine se parece a la novela de su líder: los perdedores de Reno, Nevada y el mundo bohemio-marginal de Portland, Oregon (ciudad lluviosa clave: Van Sant, Kelly Reichardt). El tema “The Janitor” perfectamente podría ser una película y, claro, un cuento. Sus álbumes parecen libros de relatos y, sus portadas, afiches de películas. Los títulos lo dicen todo: Thirteen Cities; The Fitzgerald (un homenaje a un decadente casino de Reno) y el álbum cumbre de los no-lugares: Pensábamos que los ríos sonaban como carreteras. Para viajeros, para gente que pasa tiempo en moteles, para gente que pierde y deambula.

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Bielsamanía

by Alberto on Jun.12, 2010, under Apuntes, Ke Pasa, artículos, trivia

Me pidieron de Q Pasa que fuera uno de los tantos que escribiera de Bielsa porque Bielsa sería portada y habría todo un dossier dedicado al entrenador de la Roja. Esto fue lo que entregué:

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UNA ROJA A SU MEDIDA

Sé poco de fútbol pero algo sé de Bielsa. Lo que sé es lo que hablan aquellos que no saben tanto de fútbol pero sí de personajes. Me enteré de la importancia, complejidad y genio de Bielsa no hace mucho, en una comida que despectivamente podría ser tildada de intelectuales pero que era, en rigor, de escritores. Bielsa de pronto se tomó la mesa. Héctor Aguilar Camín, que tiende a escribir acerca del poder, no paraba de hacer preguntas que yo, por cierto, no era capaz de contestar; pero el resto de la mesa estuvo a la altura y fueron aplacando su insaciable curiosidad bielsiana.
Al rato entendí por qué.
Bielsa es ese tipo de personajes, algo oscuros, jabonosos, imposibles de dilucidar, que aparte de sus logros y capacidades innatas, fascina por su deseo personal de no fascinar, de no existir. Bielsa quiere ser el Salinger o el Pynchon del fútbol. Algo casi esquizofrénico si se piensa que no existe una actividad menos anónima que dirigir a la Roja. Esto lo hace un gran, gran personaje, que termina alzándose como un espejo trizado donde todo un país (no su país, ojo, porque la historia de Bielsa es también una gran y épica historia de inmigrantes) se refleja y deposita sus deseos. Bielsa, por lo tanto, maneja poder, pero la duda, lo que intriga, lo que lo hace novelizable, es si está preparado para ser tan grande cuando (al parecer) se siente tan chico. Quizás porque viene de una familia donde el éxito no es esquivo. Que Bielsa la haya encontrado más bien tarde, y en otro país, sólo mejora el ADN del Bielsa Pop.
Como gran personaje maldito, Bielsa es la suma de sus fallas y grietas y tan importante como las zapatillas o el calorub son el cine (es un cinéfilo acérrimo, dicen) como el sicoanálisis (esto quizás es mito urbano, pero sin duda sería buenísimo que así fuera y, al ser argentino, esto no parece tan improbable). Siempre está en las sombras, escondido a plena vista (eso de ir en el primer asiento del bus que, a su vez, es el único que no tiene ventana es una actitud perfectamente Bielsa), aislado. ¿Chile puede ganar, pero cuándo gana él? Su estado ideal es estar concentrado (en todas las acepciones del término). Fue, además, guapo y atlético y ahora parece un ascensorista al lado de sus jugadores-hijos-alumnos. Bielsa tiene todo lo que no tienen mucho de sus rojos: identidad, pasado (mucho pasado parece), espesor, clase, épica y esa autoridad que sólo da el fracaso y una cierta tensión con su país. Todos creen que Bielsa se desangra en dirigir la Roja; al parecer toda su energía la destina en dirigirse a sí mismo. Tiene algo de San Agustín: un pecador que desea santificarse y no le tiene miedo al ascetismo (¿por qué vive en Pinto Durán?). Entiende que el triunfo sólo se logra al desprenderse de todo el resto y que nadie que desea “tenerlo todo” lo logra. Exige que las cosas se hagan a su manera y, quizás, en su fuero interior, le gustaría que el mundo fuera como él quisiera que sea.
Si la teoría de la mesa esa noche es que Bielsa está aprovechando su segunda oportunidad, que en la canchas sudafricanas no se juega sólo los sueños del pueblo chileno sino su propia redención, entonces hay algo entre perverso e infantil en lograr que la selección termine llamándose la Roja de Bielsa. Bielsa nunca alcanzó la gloria real como jugador, pero ahora es el crack indiscutido. Por muy carismáticos que sean Chupete, Alexis o Matías, la verdad es que Bielsa ha logrado algo a lo James Cameron: la única estrella es él. Y, por lo que dicen, ésa es la fuerza de la Roja: que todos sean iguales, que todos sean claves, que la verdadera estrella es la Roja. La Roja, claro, y Bielsa.

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odiamos tanto a emilio

by Alberto on Jun.03, 2010, under Apuntes, Digital, Ke Pasa, Libros, artículos, trivia

un rant contra los e-mails que, en rigor, puede ser contra la red en general. en rigor, nada en contra y todo en contra. solo una cosa: es bastante mas fácil escribir y crear sin la red. se gana algo, se pierde harto. un post para Que Pasa.

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UNA PIEDRA EN EL ZAPATO DIGITAL

Un amigo del hemisferio norte, que es bastante buen amigo digital porque tiende a enviar mails de dos líneas, y responde a mis consultas con un escueto pero preciso y cariñoso OK o, a lo más, “coordinemos una junta por Skype”, optó por eliminar incluso esos mínimos mails.

-Mejor nos vemos en vivo cada tantos años y nos ponemos al día ahí.

Hay algo de cierto en eso. A veces me envía un link para que lea, pero sé que eso no implica nada más, no es necesario responder “gracias por el link”. El link es para leerlo, punto. El tipo tiró la esponja. “Quiero ser el Philip Roth digital”. Es decir, no ser digital, aunque eso no implica desenchufarse. Quiere tener internet, computadora, quiere estar suscrito a podcasts y hasta bloguear, simplemente no quiere ser menos importante en su vida que su “inbox”

No es la red, ni siquiera Facebook (eh… ¿para qué sirve?), sino los mails los que nos están limando nuestros dedos y encogiendo nuestro cerebro.  Al menos el mío. Quizás exagero, pero debo 72 mails y, la verdad, no deseo responder ni uno porque siento que me licuan la mente. Ni siquiera voy a tocar el tema de las peleas digitales, esos malos ratos en que uno se ve atrapado en situaciones ingratas por el mal uso de una coma, o un subrayado o un garabato mal puesto. Mucha gente ha sido herida cuando a lo más quería echar una talla

Un “no” escrito al azar puede ser peor que un combo en la cara. Odio además la gente que envía chistes, pero mi asco no llega ni cerca al nudo que me provoca ver mi carpeta de borradores repleta. Tal como en invierno uno recuerda los días de verano, hay días que recuerdo que no tenía más de dos o tres mails en mis borradores. Pero mi odio no es un odio a los spams o a los mails de la gente que no conozco sino a la gente que uno conoce. Ahí es donde se mezcla la culpa, la duda y la desconfianza hacia uno mismo surge, porque no querer responder implica, de alguna manera, despreciar o ningunear o evitar a los que te enviaron esos mails. Y en rigor no es eso. Pero algo es, porque de pronto uno ve que “es tu vida” versus “son tus mails”.

Después de más de una docena de años usando este gran invento, creo que mi diagnóstico es más bien negativo. He salido dañado. Soy peor persona, he perdido horas irrecuperables. Mis mejores recuerdos han sido cuando he estado SIN CONEXIÓN. No vivo online, pero a veces siento que, por no vivir 100% conectado, la paso peor. Cada día envío menos, cada vez respondo menos. Cada vez más, capto que si no respondí en cinco días, mejor que los borre.

En qué momento este gran, gran invento se transformó en una pesadilla? ¿En qué momento logré que casi no me llegara spam para pronto empezar a sentir que casi todos sí lo son? ¿Por qué siento que son algo así como una afrenta a mi persona? ¿Por el solo hecho de implicar pega / trabajo? Quizás. ¿Por qué siento algo parecido a una violación de mi espacio-tiempo cada vez que me llega uno de alguien con que no he hablado por teléfono en meses? Cuando uno despierta y lo primero que piensas es “cuántos mails tengo acumulados”, algo está mal. Hay estadísticas que señalan que después de dormir, responder mails es la segunda actividad que ocupa más tiempo en el día en un ser humano. ¿Eso es humano?

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TREME y el síndrome Katrina

by Alberto on May.27, 2010, under Digital, Ke Pasa, TV, actores, trivia

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Me pidieron que escribiera de la Nueva Orleans mediática para Qué Pasa.
Escribí esto:

Caída y resurrección.
Sucede.
Cuando el huracán Katrina arrasó con Nueva Orleans, la mítica ciudad a orillas del Mississippi, ésta ya había alcanzado un sitial en la cultura popular que estaba convirtiéndola en algo así como una autoparodia. Tanto así, que cuando el huracán la azotó, el mundo -partiendo por los propios norteamericanos- quedó en shock al ver que quizás era una ciudad tercermundista. ¿Era la misma metrópoli del jazz, del sexo promiscuo, de los vampiros, del eterno carnaval de Bourbon Street? Nueva Orleans había sufrido algo así como la maldición del realismo mágico. ¿Qué importa sufrir, no tener todo, si la vida no es más que siestas húmedas, comida gumbo, croissants franceses y un laissez-faire de costumbres creole que en otras partes serían ilegales? Desde Un tranvía llamado deseo hasta Entrevista con el vampiro, Nueva Orleans era sinónimo de humedad cachonda y excesos sin fin.

El huracán, claro, cambió todo eso. Al menos, audiovisualmente. Y sin querer pienso: ¿podría pasarle esto a Talcahuano? ¿Por qué ese puerto nunca ha sido parte de nuestro imaginario? ¿Por que Valparaíso siempre gana? A lo mejor Talcahuano siempre ha sido nuestro Nueva Orleans, pero no lo sabíamos. No recuerdo novela o película o comercial o documental que lo haya hecho existir antes del 27 de febrero. ¿Talcahuano resucitará no sólo urbanamente, sino artísticamente? ¿Podrá gatillar nuestro imaginario ahora que la hemos visto de manera tan severa? Lo que Katrina le dio a la menos americana de las ciudades americanas es la dignidad del fracaso, las cicatrices de las heridas y la calma del que tropezó y tiene que volver a armarse.

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Esta semana vi los primeros cuatro capítulos de Treme, la notable y cautivadora nueva serie de HBO -que pronto debutará en el cable- acerca de Nueva Orleans y de aquellos que se quedaron una vez que las cámaras se aburrieron del horror-en-directo. Con una estructura que se deja llevar tal como una improvisación de jazz (y que nada tiene que ver con lo que enseña Robert McKee), Treme deambula y enfoca y desenfoca a una docena de personajes que nunca habían sido filmados. Creada por los mismo ases de The Wire, Treme se fija en barrios y calles y en personas que fueron evitadas como la lepra por todas las producciones que pasaron por ahí. Pocas veces la música ha sido mejor usada y de manera tan creativa como en esta serie, que sigue demostrando que la tele sí puede ser el arte de nuestro siglo.

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Un policía corrupto quiere ser un remake de la sobregirada cinta de Abel Ferrara de los 90, pero es el encuentro explosivo y desordenado de Werner Herzog con Nicolas Cage y con una ciudad -ambientada en Nueva Orleans- vencida y plagada de drogas duras, cocodrilos atropellados y prostitutas voluptuosas. Quizás nada hace sentido, pero Herzog es el guía turístico que siempre te llevará donde no hay que ir. Uno huele el sudor, el pantano y la madera hinchada y podrida por el agua. Herzog intenta transformar a Cage en Kinski y casi lo logra. La película no es arte, pero tampoco es basura. Quizás es un poco de las dos cosas.

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by Alberto on May.16, 2010, under Ke Pasa, Libros, escritores, notas de prensa/críticas, trivia

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Paz Soldán hoy en La Tercera y ahora, seguro, volando…

Creo que ya tengo el título de mi nuevo libro (¿nov del 2010?) luego de conversar tanto con él.

Antes que aterrizara, habló con Alvaro Bisama para QUE PASA y una frase que dijo que quedó dando vueltas. Hablamos mucho de esa frase estos días.

Esta es la frase:

-Como me decía un amigo, a partir de cierta edad todo comienza a ser cómo controlar el daño, el duelo, la pérdida, nuestros traumas, nuestros fantasmas. Lo dijo en inglés y ahí la cosa es más compacta: After thirty five, everything is damage control.

Este es el artículo titulado Nadie sale vivo de aquí con ocasión de su paso por SCL, de participar en Fisuras en el fin del mundo: Simposio de Literatura Weird en Latinoamericana en la UC (hace tiempo que no lo paso tan bien en un encuentro “literario”) y la salida -por fin- de su novela Los vivos y los muertos acá en Chile (el link es a mi propio comentario del libro).

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El díler digital

by Alberto on May.15, 2010, under Cine, Digital, Ke Pasa, artículos, trivia

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La semana pasada apareció esto en QUE PASA. Me pidieron que buscara a uno porque cada vez el tema del derecho de autor y la piratería está más en boga y acaso en jaque.Estuve reporteando una semana con “Joel”. Algunos me han dicho por ahi que no es verdad. Pues, sí, es verdad, existe.


El díler digital

Es sicólogo, tiene 32 años y maneja un Gol verde. Consigue películas, las copia y se las lleva a sus clientes. A un público educado que se reparte entre Santiago oriente, Valparaíso y Viña. Prefiere calificar su trabajo como “una falta” y no como ilegal. “La firme es que yo no trafico, yo proveo; el cine puede ser considerado muchas cosas, pero no es una droga”, dice, sin inmtarse.

Por Alberto Fuguet.

Antes que nada, se ve a sí mismo como un cinéfilo. O, al menos, alguien para el cual “el cine es muy, muy importante, casi vital”. Ve, por lo bajo, siete filmes a la semana. A veces más, porque ahora que vamos camino al invierno se pone melancólico y como ya no tiene polola y la depresión a veces le pisa los talones, es perfectamente capaz de ver cinco a seis películas en un fin de semana.
-Este wikén vi el debut como director del escritor Michel Houellebecq, llamado La posibilidad de una isla, un filme futurista francés, que me pareció extraño, regular no más, es mejor como escritor de libros controversiales. Me gustó poco, la verdad. Vi además una película con Colin Firth, por la que estuvo nominado al Oscar. Se llama A Single Man y es acerca de un profesor inglés que se quiere suicidar. Muy buena, y triste; sin duda, funcionará bien entre los clientes que me piden cine-de-temática-gay-no-porno. También vi Corazón rebelde, la cinta por la que Jeff Bridges ganó el Oscar. Es acerca de un cantante country, pero la temática es universal y humana y en el fondo tiene que ver con la redención y cómo el amor te ayuda a salir adelante. Pero también, y esto fue lo que me gustó, es acerca de cómo no es necesario tener un final feliz para ser feliz. Estas tres películas ya van a estar en mi catálogo. Ninguna se ha dado en los cines y, por lo que sé, tampoco se van a estrenar pronto. Ésa es parte de la gracia de lo que hacemos. O de lo hago, porque yo trabajo solo.
-¿Qué es lo que haces?
-Puta, ponemos las novedades de la cartelera mundial y las cintas más especializadas que triunfan en festivales en las casas de personas educadas, de buena tela, que le interesa el cine y la cultura. Por mil pesos le paso un dvd calado. Yo quiero que todos vean de todo y les permito acceder a lo que no pueden acceder. Les digo que hay cine argentino de autor y cine rumano que es bien cercano porque Rumania tiene muchas cosas que ver con Chile. Es extraño decirlo, pero siento que todos mis clientes me quieren, que les caigo bien. A veces siento que me ven casi como si fuera el Viejo Pascuero, porque siempre llego con cosas que esperan pero también con cosas que no sabían que existían. Y ésa es la mejor parte: sorprender.

Digamos que se llama Joel Rodríguez. Casi todo lo que contaré acá es verdad menos su nombre y la ciudad donde vive y algunos detalles que podrían delatarlo, porque Joel considera que lo que él hace es “a lo más una falta” o “en rigor no es tema”, pero entiende que “por ahora” lo que él hace es “supuestamente ilegal” y que una cosa es hablar, dejar que lo siga, ir a comprar películas con él y otra es salir “frontal” en la prensa. “Lo que pasa es que estoy dividido: me gusta esto de los dvd, pero más me gusta mi pega porque consiste en ayudar a los demás”. Joel es sicólogo, tiene 32 años y maneja un Gol verde del 2001. Estudió en Valparaíso, pero es de Santiago, del barrio Franklin más específicamente: “Nací comerciante, he estado comprado y vendiendo desde los doce”. Joel es el primero de su familia (y de su cuadra) en ir a la universidad. “Soy un ejemplo y cargo con eso: todos me admiran, pero todos dependen de mí también”.
Vive solo en un departamento-tipo-bloque de dos dormitorios en Quilpue, aunque pasa casi todos los fines de semana en Santiago: los sábados reparte sus películas por el sector Providencia y Vitacura. No es un lector compulsivo, pero lee: Murakami, La soledad de los números primos, los libros de fútbol de Guarello. Joel trabaja en el Sename, en la Quinta Región, en un centro de reclusión para adolescentes. La mayoría de los jóvenes con que trabaja (a veces, incluso, le muestra películas y luego las comentan) han infrigido la ley en temas como robos, asaltos y consumo de drogas. Joel también infringe la ley, la ley de propiedad intelectual. Joel es un dealer de películas en formato dvd. (continue reading…)

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deambulando y hablando x SCL: TE CREIS LA MAS LINDA

by Alberto on Apr.30, 2010, under Cine, Cine Chileno, Digital, Ke Pasa, actores, trivia

tuve la refrescante suerte de ver esta cinta de la cual todo el mundo estaba hablando. Y tenían razón. El buzz era cierto. Alucinante que un filme “salido de ninguna parte”, no-oficial, sin olor a Fondart o a Dawson, aparezca así. Quizás sea cierto que hay un Nuevo Cine Chileno. Bien!  Despaché algo para Qué Pasa de hoy pero x espacio se tuvo que achicar… esta es la writer´s version que es un poco más larga…

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Después de hora

por Alberto Fuguet

Una revolución está ocurriendo en el cine nacional y al parecer el lider se llama Ché. Ché Sandoval, un chico extremadamente joven, que ya tiene un mundo propio, particular y absolutamente propio. Con quizás el título más alucinante, perfecto, sonoro, comercial y, luego de ver el film, acertado en décadas, Te creís la más linda (pero erís la más puta) es algo así como una comedia-de-adolescentes-de-autor (a diferencia de mucho de sus pares, Sandoval escribe y dirige, algo que se nota y se agradece). O quizás la cinta es neorrealismo pop. Sea lo que sea, el filme se inscribe en lo que ahora se está llamando cine garage o cine B pero quizás lo más acertado sería tildarla de cine-blog. Te creís es una cinta joven, para jóvenes, o para ciertos jóvenes (la cinta da la impresión que fue hecha por Sandoval para sus amigos pero nunca huele a “chiste para amigos”).

Sandoval usa los pocos –poquísimos- recursos que tiene no para hacer política (aunque su retrato de un cierto Chile es perfecto) o para divagar con metaforones o para irse de picnic a la periferia sino se la juega 110% por su alter-ego: el involvidable, torpe y entrañable Javier, un chico que se niega a creer que es un loser porque, la verdad de las cosas, de loser tiene poco. Con una inteligencia y un humor que van en absoluta contradicción con su dentadura dadaísta y su cuerpo que tiene algo de calcetín roto, pocas veces he visto un filme chileno que crea tanto en su protagonista. Sandoval lo hace hablar como deben hablan los jóvenes que no alcanzan a ser tan alternativos como desearían serlo y Javier, en manos del no-actor y debutante Martín Castillo, transforma el peor del más básico lenguaje chileno en algo parecido a una poesía que le podría gustar a Nicanor Parra. Javier trata a las mujeres de huevón, como cariño, pero después reclama y se angustia porque no logra conectar con el sexo opuesto. El protagonista camina y recorre cierto Santiago toda una noche con una polera vieja que posee una pequeña foto de James Dean en el pecho. Pero Javier no es tan rebelde ni tan fracturado y quizás no tiene más causa que querer conectar.

Esta cinta sobre chicos carreteros sin look, de rockeros onderos con nanas, cala y disecciona el mundo “abajista” de jovenes-con-dinero-sin-dinero con humor, creatividad y un final tan sencillo como sencillamente romántico, que delata que tanto Sandoval como Javier no son tan duros como se muestran y que quizás todas las referencias pop y las poses son justamente eso: poses. Esta no es la típica cinta de un estudiante de cine; esta es una cinta de un estudiante que ve cine y sabe que tampoco sabe tanto. El filme no es perfecto, tal como no lo es la piel del protagonista, pero vaya que tiene verdad y, para ser una cinta corta, uno termina creyendo que ha conocido a Javier desde kinder.

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