artículos
el síndrome del making of– resumen Sanfic 6
by Alberto on Aug.30, 2010, under Cine, Cine Chileno, Digital, Directores, Ke Pasa, artículos, trivia
despacho breve de un festival que cada vez mejora y trae mas sorpresas— falto espacio para tantas pelis pero bueno…


Después de ver un promedio de cuatro a cinco películas diarias de cine-arte latinoamericano en el último y mejoradísimo Sanfic 6, seguí el consejo de un amigo director y traté de desintoxicarme. Lo hice con Date Night, una comedia no tan disparatada ni mucho menos perfecta, fabricada por Hollywood con dos estrellas surgidas de la TV: Steve Carell y la grandiosa Tina Fey. No hubo, por cierto, nada remotamente parecido en el Sanfic a Date Night y no tiene por qué haberlo. Uno puede ver cintas como ésta (un matrimonio decide salir en una cita romántica sin niños y terminan en medio de una persecución) a cada rato, pero mientras la veía nunca pensé en salirme y, lo mejor, nunca pensé que el director estaba más preocupado de cómo dirigía que de seducir y entretener al espectador.
Y quizás ésa es la vara que mide el gran cine (y Date Night, ojo, no lo es) con el cine que trata de ser grande y que no lo es, aunque pueda ser novedoso, lento, raro o una suma de las tres cosas. No todas las cintas que no llegan a la cartelera son obras maestras, pero en un mundo perfecto uno tendría la posibilidad de poder verlas igual en salas grandes y con la butacas llenas de gente sudando adrenalina. Ésa es la gracia del Sanfic: crear un mundo que no es el mundo real. Por una semana, la cinta pequeña y alternativa lograr transformarse en Avatar.
En un festival como Sanfic todo puede pasar. Por cada joya, se ven tres bochornos que creen que arte es experimentar, tanto que se terminan copiando los clichés de otras cintas desarticuladas que han embaucado a jurados inseguros en ciudades del norte de Europa y -quizás el peor de los pecados- se cree que hay dos elementos que ya no son necesarios: el guión y la empatía. Bienvenidos a la era del docudrama o la ficción documental, donde los actores no son bienvenidos y donde Billy Wilder y Woody Allen y Eric Rohmer son considerados el enemigo.
Varias tendencias se pudieron detectar después de ver más de 25 filmes. Quizás las tendencias más fáciles de destacar fueron: el síndrome del making of (donde lo más fascinante de la cinta es la historia de cómo se realizó o concibió, algo que siempre le gusta a la prensa); y la oda rousseauniana o remakes de arte tipo “La laguna azul” (cintas sobre extraños que van a islas o sitios ajenos, como la sobrevalorada, escamada y últimamente tramposa Alamar o El calambre de un cineasta mexicano que no es ni será Terrence Malick). “Gummo”, “Tarnation” y “Los muertos”, esta última de Lisandro Alonso, no se exhibieron, pero cintas inspiradas en ella abundaron e incluso agotaron.
La mejor cinta que vi fue la que, además, terminó ganando aunque es una pena que tuviera que compartir el premio con la que más me sulfuró: “Alamar”, pero bueno, la cinta eco-mexicana desaparecerá y, poco a poco, Matthew Porterfield irá consolidándose. Putty Hill, una cinta americana tan alejada de Hollywood, que termina rescatando lo mejor que hizo Hollywood durante los años 70. Una cinta coral sobre un grupo de veinteañeros que parecen los zombis de un país devastado, donde la familia desapareció hace años y lo único que queda son las ruinas humeantes. Todos están ligados a Cory, un chico que quizás tuvo la buena idea de morir de una sobredosis y saltarse el mundo tal como lo conocemos. El llamado mundo del white trash acá es tratado con gloria, sensualidad y cariño. Matthew Porterfield conoce esa gente y además tiene la buena idea de entrevistarlos sin guión, pero no cae en el síndrome del making of porque si bien él mismo confiesa que su guión fue “delgado”, Porterfield entiende que el único mundo que conoce y domina, que le duele y del cual nunca va a escapar, es el barrio de Putty Hill, al norte de Baltimore. Su mundo es atroz, pero su mirada tiene estética y verdad: es verano, hace calor y el todo parece a punto a derrumbarse, pero no por eso la gente no puede tatuarse, bañarse en un río, pasar tardes en una piscina inflable o cantar karaoke durante una fiesta post funeral, en una secuencia tan inspirada y cargada que remite nada menos que al final de El francotirador de Cimino. Matthew Porterfield es un total marginal y, quizás por no contar con las caricias europeas con que cuentan muchos cineastas latinoamericanos, no tiene que rendirle cuentas a nadie, excepto a sus propios fantasmas.
![]()
Los cortos nacionales siempre son un buen lugar donde conocer talentos nuevos, tanto detrás como delante de la cámara. En Bruselas, filmada en Nueva York con una cámara de foto fija digital Canon, Omar Zúñiga Hidalgo cree tanto en sus personajes y en el guión (los buenos silencios son parte de un guión) que, claramente, no obtuvo ni una mención especial. Pero no me cabe duda que ahí hay un cineasta que lee, que entiende, que conecta, que no tropieza con la moda y que sabe que menos es más.
Sanfic es el festival donde los chilenos pueden debutar o estrenar de la mejor manera, y buena parte de la delegación que casi se tomó el último Bafici estuvo presente, como la encantadora y creativa y extremadamente chilena 31 de abril, que sin duda conectó con el público, que la premió como su favorita. Víctor Cubillos sabe lo que hace y tiene pura buena fe y entusiasmo. Quizás demasiado porque la cinta apuesta mucho también a un final que, para mi gusto, no es tan importante como lo venden, puesto que la película perfectamente puede pararse sola, por sí misma. Otro filme donde el relato del making of casi se come al relato real, que funciona y emociona y está lleno de verdad, y que ojalá pueda estrenarse, verse y por cierto aplaudirse.
ABEL: padrísima
by Alberto on Aug.13, 2010, under Cine, actores, artículos, trivia
Sanfic está por llegar y el debut del Sanfic es una cinta que, sin verla, parece ser un “compromiso” pues es el debut de Diego Luna. Pues nada: Abel es quizás es mejor debut que recuerde de un Sanfic o, más allá de eso, una gran cinta mexicana, chilena o latinoamericana. Si además de eso agregamos el dato que, en efecto, es debut, pues órale! Ojo- tanto los afiches como los trailers hacen creer que la cinta es una comedia tosca de familias locas. No va por ahí. De tosca, además, no tiene nada. Quizás gracias a ese marketing tan bastardo, mas de 3.000.000 millones de mexicanos vierones esta cinta menor y delicada en el cine. De la Qué Pasa de hoy. 
PADRISIMO
por Alberto Fuguet
A pesar de lo clave que es el director de una película, muchas veces saber quién dirige a priori puede provocar prejuicios, enredos y una predisposición que no viene al caso. Éste es quizás el caso de “Abel”, el extraordinario, emotivo, jugado, y a la vez sencillo y empático debut del joven actor-estrella mexicano Diego Luna, que aún no ha superado su participación en esa obra maestra fundacional que es “Y tu mamá también”. El prejuicio establece que nada-tan-bueno podría salir de la mirada de Luna, quizás porque su carrera ha sido errática. Pero, analizando a Luna, hay que reconocer que si bien no ha alcanzado tanta gloria, sí se la ha jugado: desde su trabajo en castellano (”El búfalo de la noche”) hasta sus flirteos con Hollywood (extraviado en cintas de autores intensos). Su rol de productor también hacía temer lo peor: su insistencia en tratar de establecer a Gerardo Naranjo (”Drama/Mex”) como el Antonioni juvenil azteca, habla más de su lealtad y su capacidad para saber qué vende en Rotterdam y en Berlín, y sólo le minaba sus credenciales. Pero “Abel”, que es la cinta que abre el próximo Sanfic, sorprende el doble porque justamente viene de él o, mejor dicho, de un Diego Luna que nunca se había mostrado o insinuado así. La entrañable “Abel” es el tipo de cinta que François Truffaut y Louis Malle hubieran abrazado. Una cinta de arte que también puede ser popular sin dejar de ser personal, “Abel” es de esos filmes para niños que quizás cualquier niño pueda entender a cabalidad porque las cosas que ocurren son de esos eventos que los tocan de cerca. Mientras los niños se reirán, los mayores quedarán alterados y con el alma en trozos. Una cinta centrada en un niño es en el fondo acerca de una familia, y ésta lo es. Y Luna no sólo indaga en los posibles daños del abandono de la figura paterna sino también cuestiona, tangencialmente, la gran debacle mexicana: que los padres deban inmigrar para ayudar a las familias que se quedan atrás. La familia de Abel, un chico de 9 años lleno de rabia, silencios y alteraciones, es una de ellas. Abel está trastocado, mal. Viene saliendo de un psiquiátrico y, al ver que nada funciona, decide tomar el rol paternal. Lo que pudo ser una cinta manipuladora termina alzándose por el humor y las aventuras autodestructivas que toma Abel. Ojalá más actores de su talla debutaran tan bien. Ojalá muchos jóvenes que debutan, pudieran filmar una cinta tan liviana y a la vez tan profunda y estremecedora. 
Literatura sin máscaras
by Alberto on Jul.31, 2010, under Libros, artículos, escritores, mis libros, notas de prensa/críticas
Esto salió en La 3 de ayer… Me dio gusto leerlo, claro. Entre otras cosas porque estoy de acuerdo, porque incluye a Missing en el lote y porque los otros dos libros y sus autores me gustan mucho. Rey Rosa me parece que sigue siendo el gran autor desconocido y el hecho que haya dirigido una película aumenta mi admiración hacia él. A.M. Homes tiene un libro en que tenemos una portada casi idéntica (el local kitsch de Randy´s Donut´s en Los Angeles) y porque, bueno, una de los epígrafes de Missing es justamente de ese gran libro que La hija de la amante. Eso. Aquí va esta reflexión de Alvaro Matus sobre la literatura “real” que fue algo que se discutió y mucho en Zacatecas hace poco.
Literatura sin máscaras
por Alvaro Matus
Más que hablar de una tendencia literaria, halagar una moda o adherir a un movimiento, quisiera reparar en tres libros que nacen de acontecimientos reales, que desafían lo políticamente correcto y que ponen a sus autores como protagonistas: La hija de la amante, de A.M. Homes; Missing, de Alberto Fuguet, y El material humano, de Rodrigo Rey Rosa. Son trabajos fascinantes, extremos y conmovedores. Lo más mezquino sería calificarlos de “interesantes”. Aquí hay un manejo ejemplar del punto de vista, capacidad para combinar ingredientes (archivos, cartas, entrevistas, testimonios) y un motor narrativo tan bien aceitado que el relato fluye sin esfuerzos. Pero, en definitiva, lo que hay en estos tres libros es carne y lágrimas y silencios, rencor y coraje y compasión. ¿No se compone de esto la vida?
La hija de la amante narra el encuentro de A.M. Homes con sus padres biológicos a los 31 años. Su madre, Ellen, la entregó a una familia cuando se convenció de que Norman, el papá, jamás dejaría a su esposa e hijos, jamás se iría con su joven amante. Homes creció sabiendo que era adoptada, lo que, por supuesto, no la previene de la conmoción que significó enterarse que su mamá biológica la estaba buscando. Se obsesiona por saber de dónde vienen sus padres, contrata investigadores, se especializa en la búsqueda a través de internet, investiga en archivos municipales. “El deseo de conocerse a uno mismo y la propia historia no siempre es equiparable al dolor que provoca esta nueva información”, escribe Homes, una vez que ha comprendido que su madre, enferma y desesperada, se ha puesto en contacto porque necesita ayuda: Ellen quiere (exige) que la cuide justamente la niña que ella abandonó. El padre, con quien también se encuentra, promete integrarla a la familia, aunque claro, Homes sabe lo que vale su palabra.

La identidad de las familias se construye sobre la base de relatos que se superponen, a veces se contradicen, y en buena medida para eso están las reuniones en que se desenrrolla el pasado. Siempre quedan puntos suspensivos, zonas ambiguas, áreas de discusión que para alguien resultan into-lerables. Algo de eso está en la génesis de Missing, la búsqueda de Alberto Fuguet de su tío Carlos, quien perdió todo contacto con la familia en los 70. El autor viajó de Santiago a Los Angeles y de ahí a Denver, convertido en un detective certero y sentimental. La pesquisa nos permite conocer la accidentada vida de su tío: fue recluta del ejército, estuvo preso, animó las noches de Miami tocando congas, trabajó en moteles de cuarta categoría. Lo que permite, sin embargo, que el libro adquiera dimensiones sobrecogedoras es el paseo por toda una familia y sus disfuncio-nalidades, con el abuelo inflexible y la abuela resignada, con los padres de Fuguet separándose, con los sueños amontonados en el cuarto del fondo y las vidas deshilanchándose. Un libro va-liente, capaz de explicitar lo que nadie se atreve a decir: hay padres e hijos que no se quieren. O no lo suficiente.

El Interior del Ministro
by Alberto on Jul.02, 2010, under Ke Pasa, Libros, TV, artículos
Esta crónica que hice para Que Pasa salió hace unos días ya. Para los 100 días del gobierno de Piñera. Mis editores me convencieron -les costó- que fuera a La Moneda (lugar al que sólo había visto desde afuera) a entrevistar al joven ministro Hinzpeter. Por lo que me han contado y he comprobado, la conversación/perfil causó su ruido y cada uno ha visto lo que ha querido ver. Lo que supongo es bueno porque cualquier persona tiene muchas facetas y ángulos y alguien que está en el poder más aún. Le agradezco la confianza del Ministro de poder conversar off the record y sin pensar en una grabadora o en las consecuencias posteriores (que al parecer sí tuvo la crónica). Mi meta no era ser un francotirador ni menos entrevistarlo porque las entrevistas al final son algo que poco tienen que ver con una conversación y donde el que menos se revela es el entrevistado. Aquí va con el título original que me hubiera gustado que saliera.

EL INTERIOR DEL MINISTRO
Por Alberto Fuguet
Cuando el presidente Sebastián Piñera anunció su gabinete, hubo muchas sorpresas, sobre todo porque los elegidos no eran los sospechosos de siempre. Pero un nombramiento, quizás el más importante de todos, no fue sorpresa para nadie: Rodrigo Hinzpeter.
-¿Se sorprendió?
-Sí, y me sentí honrado.
-¿De verdad se sorprendió?
-Sí, me sorprendí.
-Mi idea es que conversemos honestamente…
-De qué. ¿De mí?
-Claro.
-¿No de política?
-Usted es político, no creo que se pueda conversar con usted si no se habla de política.
-¿Ésta no será una de esas entrevistas siúticas que intentan revelar mi alma?
-Espero que no.
-Me cargan los perfiles humanos, me parecen como siúticos. No hablaré de cosas personales; después las leo y… me sonrojo. ¿Puedo fumar?
-Claro, es su oficina.
-No es mi oficina, es la del Ministerio del Interior.
-¿Se ha googleado alguna vez ministro?
-¿A mí mismo? No, nunca. Me parecería algo…freak. Me daría lata o vergüenza…
-Pero ha googleado a otra gente.
-Eh… sí sé a donde vas…
-Yo lo googlié ayer.
-¿Y qué sale? Puras cosas buenas, seguro -sonríe-.
-De todo.
-Obviamente el incidente con Fidel Espinoza fue un error.
-Lo sorprendente es que Fidel Espinoza y ese numerito…
-Incidente…
-Incidente… El primer resultado que aparece cuando uno lo googlea a usted es una noticia donde sale el incidente con el diputado Espinoza. Antes, incluso, que su biografía en Wikipedia.
-¿Estoy en Wikipedia? Mira… ¿Y es objetivo?
-Creo que sí. ¿No lo ha leído?
-No. Esto es lo más complicado de ser personaje público. O convertirse de la noche a la mañana en uno. Eso de estar en la mira. Para alguien tímido es recontra difícil…
-¿Tímido?
-Muy tímido. Tanto que parezco arrogante. Te la gané, ¿no?
-¿En qué?
-Que la gente, alguna gente, diga o crea que soy arrogante. A veces puedo parecerlo, pero no lo soy. De verdad. De hecho, creo que cuando no me siento tímido o nerd puedo ser hasta divertido. Me pongo arrogante porque…
-Porque…
-Quizás antes lo era más… A veces también, y esto es un error que he ido mejorando creo, el ponerme a la defensiva. Les tengo un poco de mala a los intelectuales de cualquier lado y al matonaje que ejercen.
-¿Matonaje?
-Matonaje intelectual. Hay toda una faunilla que se cree superior porque supuestamente están ligados a las artes o las letras. Yo creo que la gente ligada a las letras son los que leen. Muchos intelectuales ni leen, pero no paran de opinar. ¿Dónde estábamos?
-Google, sesión del Congreso, diputado Espinoza…
-OK: yo encuentro que en el caso de Fidel me equivoqué. Tanto, que le pedí disculpas.
-¿Le pidieron que pidiera disculpas? Eso dicen…
-No.
-¿No lo haría de nuevo?
-¿Pedir disculpas? Sí, claro.
-No: lo que hizo en el Congreso con el diputado. Dicen que ese incidente lo hizo bajar puntos en la última encuesta de Adimark.
-No creo que fue por eso. Y cuando uno se equivoca, no es malo pedir disculpas. Pero ojo, esa pelea fue una pelea que yo escogí dar… todas estas cosas se producen en fracciones de segundos y uno toma una decisión de hacer o no hacer algo. La pelea fue correcta, pero me equivoqué en el medio que usé. De verdad la sesión era un gallinero. Reclamar que las sesiones se conduzcan con respeto y con un mínimo de decencia me parece correcto. Ahora, cometí un error: citar una cosa que aparecía en Google, y, por lo tanto, me equivoqué en el método. Obviamente, si pudiera volver atrás, no lo volvería a hacer.
-Se cuestionó en ese momento el potencial uso de información reservada, a la cual tiene acceso un ministro del Interior.
-Ésa fue una argumentación muy dañina que planteó Fernando Paulsen. Y muy infundada. Insinuó que yo hasta podía hacer escuchas telefónicas. No he recibido nunca una información que no tenga que ver con delincuencia. No existe información respecto de políticos o civiles, ni hay un sistema que recoja información de ellos. Además que, obviamente, si recibiera algo, jamás lo usaría.
(continue reading…)
Bielsamanía
by Alberto on Jun.12, 2010, under Apuntes, Ke Pasa, artículos, trivia
Me pidieron de Q Pasa que fuera uno de los tantos que escribiera de Bielsa porque Bielsa sería portada y habría todo un dossier dedicado al entrenador de la Roja. Esto fue lo que entregué:

UNA ROJA A SU MEDIDA
Sé poco de fútbol pero algo sé de Bielsa. Lo que sé es lo que hablan aquellos que no saben tanto de fútbol pero sí de personajes. Me enteré de la importancia, complejidad y genio de Bielsa no hace mucho, en una comida que despectivamente podría ser tildada de intelectuales pero que era, en rigor, de escritores. Bielsa de pronto se tomó la mesa. Héctor Aguilar Camín, que tiende a escribir acerca del poder, no paraba de hacer preguntas que yo, por cierto, no era capaz de contestar; pero el resto de la mesa estuvo a la altura y fueron aplacando su insaciable curiosidad bielsiana.
Al rato entendí por qué.
Bielsa es ese tipo de personajes, algo oscuros, jabonosos, imposibles de dilucidar, que aparte de sus logros y capacidades innatas, fascina por su deseo personal de no fascinar, de no existir. Bielsa quiere ser el Salinger o el Pynchon del fútbol. Algo casi esquizofrénico si se piensa que no existe una actividad menos anónima que dirigir a la Roja. Esto lo hace un gran, gran personaje, que termina alzándose como un espejo trizado donde todo un país (no su país, ojo, porque la historia de Bielsa es también una gran y épica historia de inmigrantes) se refleja y deposita sus deseos. Bielsa, por lo tanto, maneja poder, pero la duda, lo que intriga, lo que lo hace novelizable, es si está preparado para ser tan grande cuando (al parecer) se siente tan chico. Quizás porque viene de una familia donde el éxito no es esquivo. Que Bielsa la haya encontrado más bien tarde, y en otro país, sólo mejora el ADN del Bielsa Pop.
Como gran personaje maldito, Bielsa es la suma de sus fallas y grietas y tan importante como las zapatillas o el calorub son el cine (es un cinéfilo acérrimo, dicen) como el sicoanálisis (esto quizás es mito urbano, pero sin duda sería buenísimo que así fuera y, al ser argentino, esto no parece tan improbable). Siempre está en las sombras, escondido a plena vista (eso de ir en el primer asiento del bus que, a su vez, es el único que no tiene ventana es una actitud perfectamente Bielsa), aislado. ¿Chile puede ganar, pero cuándo gana él? Su estado ideal es estar concentrado (en todas las acepciones del término). Fue, además, guapo y atlético y ahora parece un ascensorista al lado de sus jugadores-hijos-alumnos. Bielsa tiene todo lo que no tienen mucho de sus rojos: identidad, pasado (mucho pasado parece), espesor, clase, épica y esa autoridad que sólo da el fracaso y una cierta tensión con su país. Todos creen que Bielsa se desangra en dirigir la Roja; al parecer toda su energía la destina en dirigirse a sí mismo. Tiene algo de San Agustín: un pecador que desea santificarse y no le tiene miedo al ascetismo (¿por qué vive en Pinto Durán?). Entiende que el triunfo sólo se logra al desprenderse de todo el resto y que nadie que desea “tenerlo todo” lo logra. Exige que las cosas se hagan a su manera y, quizás, en su fuero interior, le gustaría que el mundo fuera como él quisiera que sea.
Si la teoría de la mesa esa noche es que Bielsa está aprovechando su segunda oportunidad, que en la canchas sudafricanas no se juega sólo los sueños del pueblo chileno sino su propia redención, entonces hay algo entre perverso e infantil en lograr que la selección termine llamándose la Roja de Bielsa. Bielsa nunca alcanzó la gloria real como jugador, pero ahora es el crack indiscutido. Por muy carismáticos que sean Chupete, Alexis o Matías, la verdad es que Bielsa ha logrado algo a lo James Cameron: la única estrella es él. Y, por lo que dicen, ésa es la fuerza de la Roja: que todos sean iguales, que todos sean claves, que la verdadera estrella es la Roja. La Roja, claro, y Bielsa.
odiamos tanto a emilio
by Alberto on Jun.03, 2010, under Apuntes, Digital, Ke Pasa, Libros, artículos, trivia
un rant contra los e-mails que, en rigor, puede ser contra la red en general. en rigor, nada en contra y todo en contra. solo una cosa: es bastante mas fácil escribir y crear sin la red. se gana algo, se pierde harto. un post para Que Pasa.

UNA PIEDRA EN EL ZAPATO DIGITAL
Un amigo del hemisferio norte, que es bastante buen amigo digital porque tiende a enviar mails de dos líneas, y responde a mis consultas con un escueto pero preciso y cariñoso OK o, a lo más, “coordinemos una junta por Skype”, optó por eliminar incluso esos mínimos mails.
-Mejor nos vemos en vivo cada tantos años y nos ponemos al día ahí.
Hay algo de cierto en eso. A veces me envía un link para que lea, pero sé que eso no implica nada más, no es necesario responder “gracias por el link”. El link es para leerlo, punto. El tipo tiró la esponja. “Quiero ser el Philip Roth digital”. Es decir, no ser digital, aunque eso no implica desenchufarse. Quiere tener internet, computadora, quiere estar suscrito a podcasts y hasta bloguear, simplemente no quiere ser menos importante en su vida que su “inbox”
No es la red, ni siquiera Facebook (eh… ¿para qué sirve?), sino los mails los que nos están limando nuestros dedos y encogiendo nuestro cerebro. Al menos el mío. Quizás exagero, pero debo 72 mails y, la verdad, no deseo responder ni uno porque siento que me licuan la mente. Ni siquiera voy a tocar el tema de las peleas digitales, esos malos ratos en que uno se ve atrapado en situaciones ingratas por el mal uso de una coma, o un subrayado o un garabato mal puesto. Mucha gente ha sido herida cuando a lo más quería echar una talla
Un “no” escrito al azar puede ser peor que un combo en la cara. Odio además la gente que envía chistes, pero mi asco no llega ni cerca al nudo que me provoca ver mi carpeta de borradores repleta. Tal como en invierno uno recuerda los días de verano, hay días que recuerdo que no tenía más de dos o tres mails en mis borradores. Pero mi odio no es un odio a los spams o a los mails de la gente que no conozco sino a la gente que uno conoce. Ahí es donde se mezcla la culpa, la duda y la desconfianza hacia uno mismo surge, porque no querer responder implica, de alguna manera, despreciar o ningunear o evitar a los que te enviaron esos mails. Y en rigor no es eso. Pero algo es, porque de pronto uno ve que “es tu vida” versus “son tus mails”.
Después de más de una docena de años usando este gran invento, creo que mi diagnóstico es más bien negativo. He salido dañado. Soy peor persona, he perdido horas irrecuperables. Mis mejores recuerdos han sido cuando he estado SIN CONEXIÓN. No vivo online, pero a veces siento que, por no vivir 100% conectado, la paso peor. Cada día envío menos, cada vez respondo menos. Cada vez más, capto que si no respondí en cinco días, mejor que los borre.
En qué momento este gran, gran invento se transformó en una pesadilla? ¿En qué momento logré que casi no me llegara spam para pronto empezar a sentir que casi todos sí lo son? ¿Por qué siento que son algo así como una afrenta a mi persona? ¿Por el solo hecho de implicar pega / trabajo? Quizás. ¿Por qué siento algo parecido a una violación de mi espacio-tiempo cada vez que me llega uno de alguien con que no he hablado por teléfono en meses? Cuando uno despierta y lo primero que piensas es “cuántos mails tengo acumulados”, algo está mal. Hay estadísticas que señalan que después de dormir, responder mails es la segunda actividad que ocupa más tiempo en el día en un ser humano. ¿Eso es humano?
MISSING en MOLESKINE 2.0
by Alberto on May.27, 2010, under Apuntes, artículos, mis libros, notas de prensa/críticas

El blog de Ivan Thays, Moleskine, ahora tiene un nuevo http y nuevo diseño pero sigue siendo el mismo o acaso mejor. Desde ya hace un par de años que Moleskine (yo seguiré llamándolo Moleskine, como las libretas) es un referente literario clave e indispensable y, junto con Etiqueta Negra, y varias librerías, la razón por la cual Lima es ahora una de las capitales o quizás la capital literaria de habla hispana.
En la nueva Moleskine 2.0 (con nuevo diseño y look apareció una notable e inteligente crítica a Missing—al parecer Moleskine no sólo va seguir siendo el suplemento literario más importante e influyente de América Latina en cuanto a trivia o noticias e información literaria sino también será un medio crítico, supliendo así un gran vacío en los medios tradicionales que optan más por la entrevista que por a la crítica en sí.
eso.
Un país para perderse (y un libro para encontrarse)
por Luis Hernán Castañeda
Los escritores que se dan demasiadas vueltas a sí mismos y a los suyos se distribuyen en dos clases: pueden contarse entre los menos interesantes y hospitalarios, pero también entre los más incisivos y peligrosos. Es sabido que cuando un escritor de los que están en el segundo grupo decide escribir sobre su propia familia, lo elaborado en el plano de la ficción puede producir consecuencias nefastas en la vida real. Nadie negaría lo riesgoso que resulta asumir dentro de un proyecto de escritura una materia tan próxima y, con mayor frecuencia de la deseable, complicada y dolorosa, como la familia, que además involucra y hasta compromete a más de una tercera persona que podría, al consultar el texto en cuestión, verse aludida, reflejada, cuestionada o directamente lapidada, sin que el escritor así lo haya querido o tal vez sí, y con toda la mala leche del mundo.
En su obra más reciente, Alberto Fuguet parece admitir que la ficción, cuando se la emplea para escarbar en las heridas comunes de los que están unidos por la sangre (y no pocas veces por el rencor, un sordo y amable resentimiento cotidiano), puede ser el arma perfecta para profundizar en ellas, para abrirlas, extenderlas, irritarlas. Cuando se utiliza la ficción para realizar ajustes de cuentas, para vengarse simple y llanamente, para herir sobre el papel a quienes nos lastimaron de verdad (y en algunos casos, para siempre), el escritor que desencadenó esta maquinaria de castigos velados y tardíos es el único que tiende a salir ileso, y además complacido de su pequeña o gran maldad textual. O, quizá, no tan satisfecho: en ocasiones incluso él debe asumir la cuota de amargura, la deuda negra que el escorpión de palabras se inflige a sí mismo, quiéralo o no su ilusorio dueño. (continue reading…)
El díler digital
by Alberto on May.15, 2010, under Cine, Digital, Ke Pasa, artículos, trivia

La semana pasada apareció esto en QUE PASA. Me pidieron que buscara a uno porque cada vez el tema del derecho de autor y la piratería está más en boga y acaso en jaque.Estuve reporteando una semana con “Joel”. Algunos me han dicho por ahi que no es verdad. Pues, sí, es verdad, existe.
El díler digital
Es sicólogo, tiene 32 años y maneja un Gol verde. Consigue películas, las copia y se las lleva a sus clientes. A un público educado que se reparte entre Santiago oriente, Valparaíso y Viña. Prefiere calificar su trabajo como “una falta” y no como ilegal. “La firme es que yo no trafico, yo proveo; el cine puede ser considerado muchas cosas, pero no es una droga”, dice, sin inmtarse.
Por Alberto Fuguet.
Antes que nada, se ve a sí mismo como un cinéfilo. O, al menos, alguien para el cual “el cine es muy, muy importante, casi vital”. Ve, por lo bajo, siete filmes a la semana. A veces más, porque ahora que vamos camino al invierno se pone melancólico y como ya no tiene polola y la depresión a veces le pisa los talones, es perfectamente capaz de ver cinco a seis películas en un fin de semana.
-Este wikén vi el debut como director del escritor Michel Houellebecq, llamado La posibilidad de una isla, un filme futurista francés, que me pareció extraño, regular no más, es mejor como escritor de libros controversiales. Me gustó poco, la verdad. Vi además una película con Colin Firth, por la que estuvo nominado al Oscar. Se llama A Single Man y es acerca de un profesor inglés que se quiere suicidar. Muy buena, y triste; sin duda, funcionará bien entre los clientes que me piden cine-de-temática-gay-no-porno. También vi Corazón rebelde, la cinta por la que Jeff Bridges ganó el Oscar. Es acerca de un cantante country, pero la temática es universal y humana y en el fondo tiene que ver con la redención y cómo el amor te ayuda a salir adelante. Pero también, y esto fue lo que me gustó, es acerca de cómo no es necesario tener un final feliz para ser feliz. Estas tres películas ya van a estar en mi catálogo. Ninguna se ha dado en los cines y, por lo que sé, tampoco se van a estrenar pronto. Ésa es parte de la gracia de lo que hacemos. O de lo hago, porque yo trabajo solo.
-¿Qué es lo que haces?
-Puta, ponemos las novedades de la cartelera mundial y las cintas más especializadas que triunfan en festivales en las casas de personas educadas, de buena tela, que le interesa el cine y la cultura. Por mil pesos le paso un dvd calado. Yo quiero que todos vean de todo y les permito acceder a lo que no pueden acceder. Les digo que hay cine argentino de autor y cine rumano que es bien cercano porque Rumania tiene muchas cosas que ver con Chile. Es extraño decirlo, pero siento que todos mis clientes me quieren, que les caigo bien. A veces siento que me ven casi como si fuera el Viejo Pascuero, porque siempre llego con cosas que esperan pero también con cosas que no sabían que existían. Y ésa es la mejor parte: sorprender.
—
Digamos que se llama Joel Rodríguez. Casi todo lo que contaré acá es verdad menos su nombre y la ciudad donde vive y algunos detalles que podrían delatarlo, porque Joel considera que lo que él hace es “a lo más una falta” o “en rigor no es tema”, pero entiende que “por ahora” lo que él hace es “supuestamente ilegal” y que una cosa es hablar, dejar que lo siga, ir a comprar películas con él y otra es salir “frontal” en la prensa. “Lo que pasa es que estoy dividido: me gusta esto de los dvd, pero más me gusta mi pega porque consiste en ayudar a los demás”. Joel es sicólogo, tiene 32 años y maneja un Gol verde del 2001. Estudió en Valparaíso, pero es de Santiago, del barrio Franklin más específicamente: “Nací comerciante, he estado comprado y vendiendo desde los doce”. Joel es el primero de su familia (y de su cuadra) en ir a la universidad. “Soy un ejemplo y cargo con eso: todos me admiran, pero todos dependen de mí también”.
Vive solo en un departamento-tipo-bloque de dos dormitorios en Quilpue, aunque pasa casi todos los fines de semana en Santiago: los sábados reparte sus películas por el sector Providencia y Vitacura. No es un lector compulsivo, pero lee: Murakami, La soledad de los números primos, los libros de fútbol de Guarello. Joel trabaja en el Sename, en la Quinta Región, en un centro de reclusión para adolescentes. La mayoría de los jóvenes con que trabaja (a veces, incluso, le muestra películas y luego las comentan) han infrigido la ley en temas como robos, asaltos y consumo de drogas. Joel también infringe la ley, la ley de propiedad intelectual. Joel es un dealer de películas en formato dvd. (continue reading…)
feedback ciclístico
by Alberto on Apr.19, 2010, under Apuntes, Cine, Cine Chileno, Digital, artículos, cinepata.com, mis películas, notas de prensa/críticas, trivia

¿Cómo dice el dicho? Si un árbol se cae en un bosque, ¿realmente se cayó? Porque nadie lo oyó… Da lo mismo… más que un libro, quizás, una película se va completando y potenciando a medida que se ve. Y basicamente hay dos o quizás tres ahora tipo de espectadores. Está el espectador puro, aquel que va y ve la peli y luego, ojalá, la comente o, mejor aún, quiera tener el afiche para colgarlo en su casa si realmente pasó algo importante. Luego está la crítica, que puede ser buena, mala, regular, intensa, confesional, cómplice y/0 urgente. Y ahora, de un tiempo a esta parte, están los espectadores que ahora también son críticos o al menos tienen una opinión y bloguean o twitean o facebookean (¿asi se dice? — no lo sé: no tengo facebook ni twitter). Una película, creo, empieza a nacer así. Con todo esa información que, junto la información que está en la pantalla, más la información y los recuerdos y sensaciones que están dentro de lo espectadores, van armando una nueva película que es mucho más rica y densa que la exhibió por primera vez.
VELODROMO ya cayó en el bosque, ya existe a pesar que recién está partiendo. Aquí algunos fragmentos de críticas y artículos aparecidos en la prensa y en el cyberespacio argentino:
De el diario La Nación, Milagros Amondaray elogia con bellas palabras los paseos de Ariel:
Uno de los males del cine sobre “problemas existenciales” es su constante afectación. Como si el drama o los tiempos muertos fueran el único camino para mostrar la incertidumbre del hombre moderno, muchos directores se vuelcan por films que pecan de pretenciosos y que fallan en un punto clave: conmover al espectador. Velódromo es la antítesis de ese cine. No solo se ríe de ciertos lugares comunes sino que además comprueba que es posible hacer películas sin manipulaciones. El hombre orquesta detrás de esta pequeña maravilla es Alberto Fuguet, periodista, escritor, director y guionista chileno, quien estrenó mundialmente su segundo film tras Se arrienda en el marco del Festival Internacional de Cine Independiente de Buenos Aires… Velódromo, un film hecho en viñetas (inspirado en Jeffrey Brown y Mafalda), un sincero y modesto viaje de alguien llamado Ariel que dibuja su vida, no sin antes advertirnos que realmente no sabe “si hay mucha historia aquí”… Y el cine de Fuguet es un cine necesario, un cine honesto. Es un cine que pedalea. Es un cine libre.

Facundo García escribió una gran nota acerca de la peli pero tb del tema de los derechos y creative common en Página 12:
y en Rastros de Carmín Gonzalo Beladrich, el autor de la novela Bolivia, escribió esto:
“Bienvenidos a mi planeta. No es muy grande, pero al menos gira” dice el protagonista de Velódromo al comienzo de su historia. En realidad es uno de los protagonistas: el otro es su bicicleta, con quien no habla, pero tiene momentos intensos. Fuguet retoma alguna de las obsesiones de su film “Se arrienda” y cuenta la historia de Ariel, un joven diseñador gráfico free lance de 34 que es feliz viendo cine en su notebook y andando en bici. El resto de las cosas -el paso del tiempo, las relaciones, la amistad, el trabajo, etc- lo hartan. Por momentos parece llevarlo bien, y en otros entra en una de esas crisis de las que sólo parece sacarlo el pedaleo (y el cine, claro). Una película honesta en su narración y su factura, decidida a capitalizar el avance de las nuevas tecnologías en lugar de renegar de ello, y con unos momentos de humor e ironía que la vuelven la mejor ficción en las filas de este Bafici. De yapa, el protagonista de la historia está tan bueno como salir a andar en bici con el mejor de los discos sonando en tu ipod.
el arte de criticar
by Alberto on Apr.18, 2010, under Apuntes, Cine, Ke Pasa, artículos, escritores, trivia

aqui un post que postee para la última revista Qué Pasa. Un post sobre la crítica en general y la crítica de cine en particular. Eso.
Estuve un mes en Nashville, donde no tiembla, pero este post lo despacho desde Santiago. Acabo de leer, con calma y en papel, el último ejemplar dominical de The New York Times que compré antes de regresar. En el cuerpo “Artes y Ocio” me topo con un ensayo del crítico de cine A. O. Scott, titulado El lugar del crítico, que no sólo me parece brillante y atinado sino que lo recorto y subrayo y lo pego en el refrigerador. Termina así: “He completado el círculo. El futuro de la crítica sigue igual, no ha cambiado. Es miserable y, a la vez, lleno de posibilidades. El mundo siempre se está derrumbando. El estado de las cosas es triste. Llegamos tarde. Pero los frutos están ahí maduros, listos para coger”. Los frutos a los que se refiere Scott son las películas y lo que está terminando es la crítica de cine aunque, tal como el propio cine, siempre está muriendo para volver a revivir.
Me encanta leer críticas, pero las de verdad. Las que se pueden parar solas. La admiro y creo que la crítica es un género. Leo críticas aunque después no vea lo que el crítico criticó. Por crítica entiendo el acto de reflexionar por escrito acerca de un objeto artístico y, de paso, hablar de la vida, de la sociedad, de otras creaciones y, si no es mucho pedir, que logre emocionarme o, al menos, hacerme reír. Para mí un crítico tiene que ser mejor escritor que aquellos a los que critica. No tiene que actuar o dirigir o dialogar, pero sí debe escribir como los dioses. Y entender dos o tres cosas de la condición humana. El que más trivia sabe no es necesariamente el mejor. Puede, incluso, ser el peor. Se sabe: un crítico sólo se luce cuando logra escribir a favor y, al mismo tiempo, cuando logra incitarte a participar de su entusiasmo. Scott es uno de ellos, tal como la gran Manohla Dargis, quien debería recibir todos los premios posibles, partiendo por el Oscar, y ser lectura obligatoria en las escuelas de Periodismo (¿puede una prosa ser sexy?, sí).
A veces prefiero una buena crítica a una buena película. Una buena crítica a una mala película termina por mejorar la película. Una gran crítica a una gran película puede ser epifánica. Una crítica mala (tibia, fome, tonta, anémica) a un filme relativamente interesante o francamente bueno puede destrozar o achatar la cinta, que es lo que sucede tantas veces. La labor del crítico no es sólo aplaudir o destrozar, es sudar, defenderse, jugársela y apostar. Apostar y quemarse, apostar y perder, apostar y ganar. Leo críticas como la gente lee poemas. Para calmarme, para llenarme de ideas, para matar del tiempo, para ser mejor. Cada vez que recibo la revista de cine argentina El Amante no hago nada más que leer y gozarla. Hay pocos libros de recopilaciones de críticas, pero los atesoro. A Pauline Kael se la puede leer siempre. Anthony Lane, de The New Yorker, juntó buena parte de sus divertidas y ácidas críticas en el libro Nobody´s Perfect. En castellano hay menos material. Está lo de Caicedo, Ojo al cine, donde el caleño demuestra que la crítica puede y debe ser en primera persona, incluso confesional. Está el imprescindible Un oficio del siglo XX de Guillermo Cabrera Infante. Años atrás, con Christián Ramírez, edité el libro por el cual espero ser recordado: Una vida crítica de Héctor Soto, un volumen que sólo crecerá con el tiempo una vez que los periodistas, historiadores y escritores lo lean y entiendan que no es un “libro de cine” sino una biblia de agudeza, humor, mala leche, pasión y una inteligencia casi aterradora. Cuando estudiantes de cine me preguntan qué libro-guía deben leer, les digo: todo está en Una vida crítica. Scott, como Soto, como Dargis, como tantos, saben que el fin de la crítica no es colocar estrellas o dar recomendaciones. Es abrir debates, diálogos. Es usar el arte no para hablarles a los creadores, sino para conversar con el público.
